La Transición

| domingo, 18 de junio de 2017 | 9:41

Aquí no podemos ganar, dijo Robert Mitchum en Retorno al pasado, solo una manera de perder más despacio. Seguramente eso fue lo que pensaron todas las fuerzas de la Transición cuando decidieron que pelillos a la mar y que vamos a poner esto en marcha, porque si no volvería a haber hondonadas de hostias, Airbag dixit. A pesar de los recientes intentos de desprestigiar la Transición, pasar de una casposa dictadura a una tierna y endeble democracia con los tiros justos -300 muertos entre 1973 y 1983- fue un hecho milagroso. El precio a pagar, olvido de los criminales de guerra, toda la mierda bajo la alfombra, el mirar hacia otro lado, fue altísimo, pero sin duda mucho menor que el que podría haberse cobrado. Solo hace falta recordar las Cortes de aquel gran hombre, Torcuato Fernández Miranda, con la mayoría de los asientos llenos de uniformes de la Falange y de militares, los ultras de todos los colores haciendo presión en las calles, la crisis del petróleo que empobreció el país, Arias Navarro golpeándose el pecho, la conflictividad laboral en las calles, el golpe de Pinochet contra Allende, la invasión de Afganistán… Se hizo lo que se pudo con los peligrosos mimbres que había, y fue mucho, con un rey emérito hoy demediado pero cuya voluntad democratizadora en aquel entonces fue cardinal para que el proceso avanzase -recordemos que Juan Carlos I tuvo en sus manos todo el poder de Franco y renunció a el; recordemos el arakiri de las Cortes Franquistas al tiempo que se juraban los principios del Movimiento-. Con cada paso, la disolución del Movimiento Nacional, la legalización del Partido Comunista, la conformación de un partido de aluvión como UCD para pilotar la metamorfosis… se pisaba un callo que podría explotar en un duelo de garrotes. Aprobación de una Constitución, la proclamación de un Rey, unas elecciones, la Ley de Reforma Política, las Cortes Bicamerales, la consolidación del modelo de partidos... todo en un intervalo de tres años se me antoja uno de los ejercicios políticos que me concitan más admiración, aun sabiendo todas las facturas que no se pudieron cobrar. Al final, el 15 de junio de 1977, 18 millones de españoles fueron a votar a una urna después de cuarenta años de dictadura. Hay que fijarse que la grandeza y la dificultad, la libertad y la responsabilidad de la democracia representativa y parlamentaria era lo único que nos podía salvar del abismo. Lo único, a día de hoy, que puede continuar haciéndolo.

El elixir

| domingo, 11 de junio de 2017 | 10:27


Partamos de una premisa clara: envejecer es una mierda. Para la gente normal, seguro, pero el asunto se enreda más si eres un billonario de Silicon Valley con recursos terrenales infinitos pero un periodo biológico limitado. El tope a día de hoy está en los 120 años. Es un poco frustrante ser consciente de que no se puede sobornar a esa Dama que según Cocteau viajaba en Rolls.  Los inversionistas han descubierto una nueva frontera donde inyectar su plata: las empresas tecnológicas que buscan alargar la vida, y con suerte, encontrar lo que ellos llaman la píldora de dios, la llave genética de la inmortalidad. Transfusiones de sangre, bailes de cromosomas, enzimas, telómeros, genes… lo estamos intentando todo para destilar un elixir que nos prolongue este valle de lágrimas -para unos más que para otros, seamos realistas-. 150.000 personas mueren cada día víctima de la termodinámica y la entropía; muchos de los investigadores están centrados solo en alargar la vida y mantenernos en condiciones dignas hasta llegar a una muerte sin dolor, pero hay otros, los mad doctors, que van a por el premio gordo. Las larvas de las abejas con capaces de prodigios metamórficos; los tiburones de Groenlandia viven quinientos años y no padecen cáncer; cierto tipo de almejas que nosotros con comemos con alegría también viven sus quinientos añitos sin despeinarse.  Desde 1900 hemos incrementado nuestro tiempo de vida en 30 años, y con ello han aparecido enfermedades que no sufríamos antes: demencia, cáncer, infartos… ¿Qué nuevos problemas aparecerán si vivimos doscientos o trescientos años? ¿Se imaginan a Trump dando la matraca durante centurias?, ¿qué será de la innovación si esta depende de seres que llevan viviendo siglos? Y sobre todo, ¿si logramos la inmortalidad conseguiremos también la juventud eterna?: porque, la verdad, no me apetece vivir mil años con el cuerpo de un anciano. El síndrome Dorian Gray -o de Camilo Sesto, según se mire-, recorre el planeta. Hablan de un mercado, este de la longevidad, que estaría en torno a los doscientos billones de dólares, y se ha desatado la carrera por ver quién logra primero el cóctel de pastillas que haga que los novecientos años que llevaba viviendo Yoda en Star Wars nos parezcan un entremés. Quién quiere vivir para siempre, cantaba Freddie Mercury; bueno, tanto, tanto, no, pero yo los trescientos años los firmo ya.

La teoría del tiramisú

| viernes, 2 de junio de 2017 | 23:20


Entre la pléyade de intereses intelectuales que me desvelan, un lugar preeminente lo ocupa, sin duda, el tiramisú. Suave, cremoso, absolutamente delicioso. Si la felicidad se mide en cucharadas, todas las que proporciona el restaurante Forte Pizza, en Madrid, van a ser pocas. Y no se olviden de la burrata trufada. Tampoco de las pizzas. 

http://www.fortepizza.es/

Las Furias

| lunes, 29 de mayo de 2017 | 14:13

Todo cambia, aunque no queramos, y casi siempre a peor. Con esta frase, uno de los protagonistas de la película Las Furias expone un sentimiento trágico de la vida. La familia como género artístico, lugar de acogida pero también de disensión, venero de calidez pero rayo que no cesa. Miguel del Arco realiza una exégesis de la tribu, los Pontealegre, rencillas, pasiones, odios, hiperestesia… nada que no conozcamos de primera mano y que por lo mismo no podemos dejar de mirar. Una gavilla de actorazos -qué papel el de Alberto San Juan-, que pone en escena la catarsis del grupo con un horizonte de referentes adventicios, Celebration, American Beauty, August, Quién teme a Virginia Wolf… Las Erinias, las Euménides, las Benévolas; Alecto, Tisífone, Megera; la implacable, la celosa, la vengadora; terroríficas figuras que no dejan crímenes impunes y persiguen a los hombres con el mismísimo infierno hasta hacerlos enloquecer, se ceban en los Pontealegre: matriarcas que se lían con jovencitas, leyendas del teatro que pierden la memoria, primogénitos marcados por el cangrejo de la enfermedad, talentos varados en las playas de su propio desorden… infidelidades, traiciones, envidias, recuerdos demasiado compartidos que ya no sirven como áncoras para mantener la ilusión de la estirpe. Cada uno de los nombres, Aquiles, Casandra, Héctor, remiten a una tragedia, y cada una, con su propia máscara. La única lástima es que tras dos horas de desarrollo dramático la película termine con un final tan apresurado como inverosímil; también falla la sobreactuada Macarena Sanz haciendo de niña psicótica, y que el intento de reproducir la intensidad de la Magnolia de Paul Thomas Anderson se resuelva en sobrecargas innecesarias de estímulos. No obstante los fallos, hay más aciertos, y Miguel del Arco, con un caché teatral suficientemente acreditado, fusiona cine y teatro ya desde las primeras secuencias en las que la felicidad de un arcádico pasado da paso a unos vínculos familiares tan estrechos que han llegado a estrangular a los miembros del clan. La tragedia es el centro de una buena comedia, el drama conlleva la ironía, y nuestra mirada ha de ser compasiva ante unos personajes que no dejan de reflejar nuestra humanidad: ¿Quién no ha ido a regañadientes a una comida familiar, recorrida de los entremeses al postre por todas las cosas que no nos podemos decir, so pena de que despierten las furias?

Ya es Ya

| martes, 23 de mayo de 2017 | 10:20

El suicidio de los organismos, las sangrientas victorias pírricas, los obstinados choques de trenes, el derrumbamiento de alianzas y baronías y comités federales y órganos de control… todas estas imágenes se confabulan en mi cabeza ante la victoria de Pedro Sánchez. La militancia ha depositado de nuevo el laurel en su frente marcoantoniana, cuyo venero es lo asambleario y lo populista en contra del aparato, que tendrá como consecuencias una sucesión de purgas y desgarros que van a poner contra las cuerdas al púgil socialista. Los bandazos de Sánchez proseguirán, de la nación de naciones culturales a la ideología marxista -si no le gustan estos principios, tengo estos otros-; del radicalismo de bases ideologizadas a la demagogia meliflua según con qué pie me levante. Los Podemitas -que no viene de poder, sino de podar-, aguardan a que nuestro hermoso tribuno se una a ellos y a los independentistas en un salto base al abismo populista. El problema no es solo del PSOE, sino de todos los ciudadanos que estaremos al albur de cada nueva ocurrencia sobre la plurinacionalidad española, la polarización extrema, las revanchas históricas, la solución en la calle de lo que no consigan en el parlamento… hasta que se enfrenten a la realidad, que no se dirime en el corralito de unos cuantos miles de militantes, sino en las elecciones generales, con el consiguiente estropicio, y sería el tercero. Se acabó el cabildeo para muñir las necesarias geometrías políticas, ahora solo habrá puño en alto y propuestas imbuidas no por el sentido común, sino por las emociones ciegas y un culto al líder que se va a cargar la descentralización del partido. Para ver el futuro solo hay que fijarse en los socialistas franceses o en los laboristas británicos. Cuenta Tácito que tras la victoria de Germánico contra Arminio, las ganas que les tenían a los queruscos eran tantas debido a la aniquilación seis años atrás de tres legiones en el bosque de Teutoburgo, que se hizo "una matanza que duró lo que el odio y el día". Me imagino que cuando le preguntaron a general romano que cuándo empezaban a meter cuchillo, este respondió: Ya es ya.   

La risa política

| domingo, 14 de mayo de 2017 | 11:05


Hay una escena iluminadora en El nombre de la rosa en la que Fray Guillermo de Baskerville mantiene un enfrentamiento dialéctico con Jorge de Burgos en el que se discute un tema apasionante: la licitud de la risa. Uno la defiende y el otro abomina de ella. La risa es propia del hombre, dice Fray Guillermo, es signo de su racionalidad, mientras Jorge escupe que es signo de estulticia, el hombre no cree en aquello de lo que ríe, por tanto reírse del mal implica no estar dispuesto a combatirlo, y reírse del bien significa desconocer su fuerza. Supongo que si estuvieran envueltos en las actuales polémicas sobre condenas y twitter también mantendrían una enjundiosa querella. A mi juicio condenar a una persona por un chiste no resulta ni prudente ni sensato. Hay chistes obscenos, homófobos, racistas, vejatorios… y algunos incluso tienen gracia, por muy bestias que sean. El problema es que antes se quedaban en la barra de los bares y ahora se hacen públicos vía redes sociales. El humor es un antídoto contra cualquier totalitarismo, y la libertad de expresión tiene estos inconvenientes; extender la acción de los tribunales ad infinitum es un gasto de tiempo y dinero, y además no sirve para nada. El caso Cassandra -que, por cierto, espero que se maneje con la misma jovialidad cuando le cuenten chistes de transexuales- no es más que un caso de estulticia e inmadurez que no puede ser judicializado a riesgo de poner a toda la sociedad en peligro. La guía de Fray Guillermo -tengan a Sean Connery en la cabeza- puede volver a sernos útil: “A menudo la risa sirve para confundir a los malvados y para poner en evidencia su necedad. Cuentan que cuando los paganos sumergieron a San Mauro en agua hirviente, este se quejó de que el baño estuviese tan frío; el gobernador pagano puso estúpidamente la mano en el agua para probarla, y se escaldó. Bello acto de aquel santo mártir, que ridiculizó así a los enemigos de la fe”. Condenar a la gente por un chiste puede provocar la autocensura, y si alguien hubiera tenido una guillotina virtual en la cabeza, no habrían sido posibles virguerías como La escopeta nacional, La vida de Bryan, algunas viñetas de la revista El Jueves, Fargo, American Psycho, Borat, los textos de Villiers de L´isle-Adam, el robot Bender de Futurama, la serie Black Mirror, los premios Darwin, los cómic de Fontanarrosa, Lolita…

El Padrino

| domingo, 7 de mayo de 2017 | 12:04

Yo creo en América. América me ha hecho rico… Desde los primeros fotogramas de la película en los que Amérigo Bonasera le suelta su filípica a Vito Corleone, sabías que estabas viendo algo grande. Hay algo clásico en sus imágenes deslumbrantes, en sus diálogos perturbadores… Habla Tácito en las primeras páginas de sus anales diciendo que lo primero que hizo Tiberio al ser emperador fue mandar matar a su hermanastro, suena a Flavio Josefo contando cómo Antípatro se abrió la túnica y aseguró que él no tenía que hablar porque ya lo hacían sus cicatrices. Cada personaje habla de nosotros, de cómo vivimos y morimos, del éxito y la humillación, de la estupidez y el sentido común, del amor y la traición… Ahora se cumplen 45 años de una de las obras de arte más importantes del siglo XX, y los protagonistas -faltaron John Cazale y Marlon Brando por fuerza mayor- se sacaron una foto en el festival de Tribeca. A partir del último sonido de la claqueta, fue muy fácil que las siguientes décadas el lenguaje popular se impregnase de sus diálogos que, como decía Preston Sturges, son esas cosas brillantes que te gustaría haber dicho pero que en su momento no se te ocurrieron. ¡Y vaya si las dijimos! Solo los autistas o los que no toman partido -y esos, según Dante, van directos a la peor zona del infierno- no ha soltado en alguna ocasión, “Un hombre que no pasa tiempo con su familia no puede ser un hombre de verdad”, “Mi padre le hizo una oferta que no pudo rechazar...”, “Trata de pensar como la gente a tu alrededor y sobre esa base todo es posible”, “Senador, ambos somos parte de la misma hipocresía, pero no la extienda a la familia”, “El poder agota a los que no lo tienen”, “Dinero y amistad… agua y aceite”, “Sé que fuiste tú, Fredo, me destrozaste el corazón…”, “Si algo nos ha enseñado la historia es que se puede matar a cualquiera”, “Deja el arma, coge los canoli”. Mi madre siempre me repitió que, siendo un crío hiperactivo, de las pocas ocasiones en que estuve tres horas quietecito fue cuando con tres años me llevo a ver El Padrino en un cine de Ribadesella. Hace también tres años, durante una estancia en casa de unos amigos en Long Island, tuve que cuidar a su hijo de un año y tampoco se paraba quieto. Puse la televisión por cable y había un bucle con la trilogía de El Padrino. Coloqué a Alessandro recto en el sofá, subí el volumen y le puse la escena en que Michael Corleone visita al señor Vitelli, el padre de Apollonia, para pedirle su mano y le revela quién es: “Algunas personas pagarían mucho por esa información, pero entonces su hija perdería un padre en lugar de ganar un marido”. Miré a Alessandro, era incapaz de apartar sus ojos de la pantalla, y yo respiré tranquilo. La nueva generación de devotos estaba garantizada. 

Arturo Andrade en Círculo de Lectores

| jueves, 27 de abril de 2017 | 12:52



Círculo de Lectores lanza la serie completa de Arturo Andrade en una edición especial.

https://www.circulo.es/serie-arturo-andrade-bimestral

Islamabad-Los Planetas

| martes, 18 de abril de 2017 | 11:08


La obscenidad

| domingo, 9 de abril de 2017 | 10:11


 ¿Saben por qué defiendo la máxima dureza legal con los sinvergüenzas que han saqueado la cámara del tesoro público? Por una cuestión de consecuencias. Sí, una cadena la causa-consecuencia que parece no haber calado bien en el ideario público. Cuando Urdangarín hace de las suyas -con la connivencia real por acción y omisión-, cuando los Correa y demás esbirros se bañan en oro, cuando los Pujol permanecen intocables e impunes, cuando Granados no suelta prenda sobre dónde está la plata, cuando Rato no ha ingresado aún en la trena, cuando los Ere son regalados a discreción, etc, etc, etc… cuando sucede todo esto hay consecuencias para todos y cada uno de nosotros. Cuando se produce el blanqueo, la falsedad de documentos, la estafa pública, el cohecho, la malversación, el fraude, el tráfico de influencias, la extorsión, la prevaricación, la cooperación necesaria…. hay consecuencias en el día a día de cada ciudadano. Todos esos millones que son robados de nuestros bolsillos provoca que la educación pública se vaya al carajo y nuestros hijos tengan que estudiar en pabellones prefabricados; que cuando se pide una simple endoscopia se tenga que esperan dos meses, no digo ya una operación grave -con el consiguiente aumento de los seguros privados, uno de los grandes fracasos de nuestra sociedad-; que la gente sea desahuciada sin cortapisas; que no haya suficientes policías en la calle; que la recogida de basuras sea ineficaz; que las pensiones no sean sostenibles; que se exija el copago de medicamentos; que se privatice y externalice a mansalva… A toda esta rapiña y depredación se le une una especie de escarnio, desprecio y cachondeo por parte de los culpables, que parecen estar seguros de que la prueba es “a contrario”, o sea que somos los ciudadanos lo que tenemos que demostrar que nosotros no somos los culpables. Las consecuencias de la expoliación y la piratería no son entes metafísicos, solo tienen que pensar en ello cuando vea una bolsa de basura tirada en la calle, derramando toda su mierda y hedor; cuando pida una resonancia magnética en la sanidad pública y por urgencia tenga que pagar los 400 euros que cuesta hacerlo por lo privado; cuando su hijo llegue de clase y le diga que tienen goteras; cuando vaya a sacar dinero y el cajero le perdone la vida diciéndole que no le cobra nada por extraer su “propio” dinero; cuando no pueda desarrollar una empresa porque hay regulación disuasoria; cuando descubra cierto grado de punición en su fiscalidad. Entretanto, un señor sacaba de un cajero 3000 euros en menos de diez minutos con una tarjeta que dicen black. Ahora bien, ya saben ustedes que el cajero no le cobró nada por el servicio. Todo un alivio. 

Alfred Kubin y los vinos canarios

| domingo, 2 de abril de 2017 | 10:12

Los dibujos ilógicos y maravillosos de Alfred Kubin. Cómo no disfrutar de un antecesor del expresionismo alemán. 

Y como complemento, este finísimo blanco canario. Tengo querencia, lo sé, pero no puedo renunciar al valle de La Orotava. Para lo que nos queda en el convento... 

Comanchería

| miércoles, 29 de marzo de 2017 | 10:43

“He vivido pobre toda mi vida. Igual que mis padres y los padres de mis padres. La pobreza es una enfermedad que pasa de padres a hijos sin remedio ni curación. Pero yo me cansé de ser pobre”. Con esta frase de uno de los protagonistas de la película “Comanchería” -Hell or High water- se desata la tragedia. En la profundidad de Texas, en una geografía de pueblos arrasados por la debacle económica, llenos de deshauciados, de casas en venta, de desarraigo, de desempleo, pero sobre todo de ausencia de esperanza, dos tipos comienzan a atracar los mismos bancos que han atracado a todo el inmenso estado. David Mackenzie firma este sensacional western social, iluminado por un no menos tremendo guión de Taylor Sheridan. En los espacios interminables de Texas, en los personajes de frases rotundas y actitudes cínicas y cansadas se respira a Peckinpah y a Cormac McCarthy, con una estructura narrativa clásica que, sin embargo, deviene en una rabiosa modernidad. El film desprende el mismo agotamiento que hacía que Michael Douglas reventase en Un día de furia: dos personajes representados con coraje y fiereza por los actores Chris Pine y Ben Foster, que tras una vida de miseria, palizas, mala educación y trabajos de mierda deciden levantar la bandera de la rebelión. A su caza está el ranger Jeff Bridges, que en esta peli alcanza el epítome de su talento. Esta es la América que votó a Trump, la que piensa que los atracadores de bancos solo pueden ser mexicanos, la que va armada hasta para comprar el pan -cuando puede-, la que mira cara a cara a un sistema fallido que se ha quitado la careta, la que refuta a los estómagos agradecidos y bien pensantes, la que declara que la socialdemocracia lleva mucho tiempo muerta. En ciertos momentos te preguntas por qué no se unen los perseguidores y los perseguidos para encarar al verdadero enemigo, aunque todos sabemos que el enfrentamiento final es tan ineludible como la rotación del planeta. Si ustedes pueden ver la película versión original no entenderán nada del acento texano, sobre todo cuando habla Jeff Brigdes, pero utilizando la salvaguarda de los subtítulos disfrutarán como enanos de cada inflexión, de cada gesto, de cada mirada. Créanme, cuando el cine es grande, es lo más grande. 

Índigo mar en Asturias y Santander

| domingo, 19 de marzo de 2017 | 10:35


Santander: Martes 21 de marzo, 19.30, Ateneo. Presenta el escritor Javier Menéndez Llamazares.

Ribadesella: Miércoles 22 de marzo, 20.00, Biblioteca. Presenta el editor Jorge Salvador Galindo.

Oviedo: Jueves 23 de marzo, 19.00, Librería Cervantes. Presenta el escritor Manuel García Rubio.

Gijón: Viernes 23 de marzo, 19.30, Ateneo Jovellanos. Presenta Ángel de la Calle. 

Las cinco pelis más interesantes

| jueves, 16 de marzo de 2017 | 9:06




La marioneta airada

| viernes, 10 de marzo de 2017 | 9:41

A mi pesar, no dejo de estar fascinado por Pedro Sánchez. Lo que no tengo claro es si por su cerrilidad o por su falta de oportunidad histórica. Lo único seguro es que Gollum nunca desplegó tamaña tenacidad en la consecución de su anillo. Pedro Sánchez, a quien la historia recordará como “Noesno”, fue una marioneta que colocaron en la secretaría general a la espera de que escampase –gran ceguera de los prominenten- sin tener en cuenta que hay ciertas marionetas que tienen muy mala leche. A mí me gustan los títeres que cortan sus cuerdas, y fue el caso. Sánchez dispuso entonces de la oportunidad de gritar que él también era Espartaco, y lo que sucedió fueron dos derrotas consecutivas y la apertura de los sellos apocalípticos, con el consiguiente ruido de cuchillería, es decir, que le hicieron la cama. Tras estas quisicosas, el señor Sánchez, que personalmente no me producía ninguna impresión ni de seguridad ni de liderazgo pero que tampoco tenía especialmente enfilado, se destapó como un desesperado perseguidor de “su tesoro”, ya fuera a costa de la unidad nacional o la destrucción de un partido con tantos años de historia. Algo estremecedor. Y lo es porque si tenemos en cuenta que el malhadado Zapatero ha sido el peor presidente de la democracia –me tuvo tres años encabronado-, yo no contaba con que alguien lo hiciese bueno. Si alguien interpreta este artículo como un ataque al PSOE, nada más lejos de mi intención. Los otros dos candidatos a liderarlo tampoco despiertan en mí la urgencia de sacar los pompones de cheerleader, pero al menos están por probar. Tengo tanto interés en que el ecosistema político funcione de una manera higiénica y regular, que mi preocupación por un partido socialista agrietado es mayúscula. De ahí mi zozobra por el regreso de la marioneta airada, tanta como la que siento cada vez que escucho a Pablo Iglesias intentar deslegitimar el principio de representatividad con aquello de que “hay que sacar la política fuera del parlamento” y “dar voz al pueblo”, o a Rafael Hernando asegurar que ellos no están engrasando las puertas giratorias o que el gobierno no tiene que ver con la factura de la luz. En caso de que Pedro Sánchez Castejón ganase –no hay nada escrito- sería un líder nefasto para el PSOE –no quiero ni pensar en España-, demagógico, tramposo y polarizador. Esperemos que esta sea su última cabalgada.    

Presentaciones de Índigo mar en Madrid y Valencia

| sábado, 4 de marzo de 2017 | 20:12



Presentación en Madrid: Librería Alberti, miércoles 8 de marzo, a las 19.00. Harán los honores los escritores Raúl Guerra Garrido y Antonio Gómez Rufo.

Presentación en Valencia: Librería Bartleby,  jueves 9 de marzo, a las 19.30. Hará los honores el filósofo Juan Arnau.  

Trumpología

| domingo, 26 de febrero de 2017 | 9:57


Un tipo que deja atrás a su mujer cuando salen de un coche, y más en un acto oficial, lo dice todo de él. Pero al margen de la educación, y tras el anuncio del muro mexicano, déjenme contarles mi visión de Trump, y permítanme ser inmisericorde. Estaba claro que este tipo iba seguir literalmente su discurso de campaña y que no iba a respetar las normas no escritas de que una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace. Su motorcito es cargarse las normas. Trump lleva dentro un salvador de la patria, o sea, un dictador. Y como todo dictador va a atacar las tres columnas de la democracia: la prensa, los jueces y el principio de representatividad. Por un lado se va a dedicar a socavar la credibilidad de los medios a base de postverdades, y por otro va a intentar forzar el sistema legal desde dentro. No se extrañen que en cualquier momento quiera abolir el tope de dos mandatos en la presidencia. Nuestra esperanza también se basa en tres cosas: el sistema americano de check and balance, y que sus mismos excesos pueden llevarle a un impeachment, o bien que la sociedad civil –robusta en los Estados Unidos- le haga la vida imposible a base de juicios, o bien que la economía se vaya al carajo, y con ella Trump. In God we trust. Me resistía a escribir sobre este señor, pero ahora su rostro fascista ha emergido definitivamente, y mi deber como escritor es denunciarlo. Es racista, proteccionista, xenófobo… carga con toda la mochila de características básicas del autócrata, y se rodeará de lo peor como bien describía Jenofonte en su Hierón o la tiranía, así como continuará con las prácticas del poder que, como también explicaba Tucídides, no se detendrá en la exploración de sus límites. Si tenemos que citar más referencias para entender su psicología, yo les recomendaría leer Masa y poder, de Canetti, los libros de Orwell sobre el fascismo, el famoso ensayo de Hannah Arendt y los espléndidos ensayos y memorias de Sebastian Haffner sobre el ascenso del nacionalsocialismo. En un entrevista en el NewYorker, Philip Roth describía bien a Trump: es un individuo sin la menor noción de lo que es un gobierno, ni de historia, ni de ciencia, ni de filosofía, ni de arte, es incapaz de expresar o reconocer sutilezas o matices y maneja un vocabulario de setenta y siete palabras que más bien puede llamarse “balbuciente” que lengua inglesa. Quién iba a decir que alguien haría bueno a Bush.

Edición portuguesa de Soles negros

| jueves, 9 de febrero de 2017 | 11:47


Ya a la venta la traducción portuguesa de Soles negros, Céus negros. Editorial Porto Editora 2017. Muito obrigado! 

Índigo mar, mi nueva novela

| martes, 31 de enero de 2017 | 16:50


Una isla en invierno. Un escritor perdido en una novela. Extrañas galerías subterráneas y una explosiva tormenta que se acerca amenazante. Aquí, en esta isla, las fronteras entre la realidad y la ficción se difuminan y los sueños juegan un papel demoledor. Sueños de panteras que hablan y susurran al oído palabras incomprensibles. Y el amor. Y el sexo. Y el pasado que vuelve para desgarrar el alma y desatar su violencia contenida. Y la literatura...

Ignacio del Valle ha escrito su novela más personal, una historia donde descubre por primera vez los demonios y miedos del creador y se enfrenta a los temas que importan en la realidad y las ficciones: el amor feroz, la fragilidad de la amistad, la sensualidad sin freno, la violencia, los tabúes, el conflicto entre la realidad y el deseo... 

Un thriller en aparente calma, pero violento y despiadado, un juego metaliterario en cuyo escenario vivirán los personajes la más terrible de las pesadillas. 

Con las ilustraciones de Miguel Navia. 

Hierón o la tiranía

| viernes, 20 de enero de 2017 | 17:04



Te contaré también otra penosa experiencia de los tiranos. Efectivamente, no reconocen menos que los particulares a los hombres valerosos, sabios y justos; pero, en lugar de admirarlos, recelan de que los valientes se atrevan a emprender alguna acción por amor a la libertad, de que los sabios tramen alguna conjura y, en cuanto a los justos, de que el pueblo decida alinearse con ellos. Y cuando por recelo quitan de en medio a tales personas, ¿quiénes quedan a su servicio, sino los injustos, viciosos o serviles? Los injustos son de fiar, porque temen, exactamente igual que los tiranos, que si las ciudades consiguen la libertad, se hagan también dueñas de ellos; los viciosos, gracias a las facilidades presentes, y los serviles, porque ni ellos mismos aprecian la libertad.

Pamplona Negra 2017

| domingo, 15 de enero de 2017 | 13:21

Este miércoles 18 de enero estaré en el festival Pamplona Negra en una mesa sobre Literatura y Memoria Histórica con Juan Laborda, Félix Modroño y Carlos Erice. Les esperamos!!



El silencio de las tierras altas

| domingo, 8 de enero de 2017 | 10:43



Es un thriller psicológico. Es una novela de terror. Es una road movie. Aún no tengo claro por cuál decantarme, lo único que sé es que “El silencio de las tierras altas“, la novela del noruego Steinar Bragi, es de lo más absorbente que he leído en los últimos meses. El libro me ha tenido pegado a la página siguiendo el viaje en jeep de dos parejas de treintañeros por el centro volcánico y desértico de Islandia, sin cobertura de teléfono, sin estaciones de servicio, rodeados de una niebla perenne. Un viaje que no es solo físico, sino también moral, que les obliga a desplazarse tanto por el terreno como por su pasado para ajustar cuentas consigo mismos, rodeados por una naturaleza hostil que acelera la aparición de sus fantasmas. De nada les sirve la hípertecnificación, su arrogancia urbanita o su riqueza; la amenazas indefinidas cada vez se vuelven más inmediatas, a lo Twin Peaks o Una pura formalidad, la película de Tornatore, y la tensión va atando cada vez nudos más estrechos. La aparición de una vieja casa habitada por un par de ancianos y una avería en su vehículo, que les obliga a compartir el espacio, no mejorará las cosas. Asimismo la mitología nórdica, repleta de leyendas perturbadoras, se dan citan en esas desoladas latitudes para mezclarse con las rencillas personales, los traumas infantiles y los miedos. La novela es opresiva, es enfermiza, y en algunos momentos se desliza por vertientes oníricas -casi psicoanalíticas- que dificulta la interpretación de lo que está sucediendo, pero precisamente en esos intervalos, tan caliginosos como la niebla que les rodea, es donde el texto puede alcanzar su máxima estatura con la ayuda de un lector forzado a interpretar dichas runas literarias. Muchos se perderán y comentarán que no acabaron de entender, y otros muchos encontraran una explicación a su medida, y en ello reside la grandeza de los libros: pequeños mamíferos hambrientos, montoncitos de huesos, cuartos ocultos, tormentas de arena, apariciones fantasmagóricas, angustias modernas, la búsqueda de algún tipo de redención… todo esto da para mucho en las manos adecuadas, tanto de un lector como de un escritor.