En el clavo

| miércoles, 2 de diciembre de 2009 | 16:45


La lucidez, el orgullo, la cultura, la risa... son analgésicos temporales. Con suerte dan para ir tirando. Y bien administrados, sirven hasta el final.
Arturo Pérez Reverte.

10 comentarios:

Begoña dijo...

La lucidez, la cultura y la risa además de analgésicos son buenos compañeros de viaje, y quizá los mejores preventivos de muchas enfermedades. Estos a cuanta más cantidad mejor.
Pero el orgullo, no basta tenerlo, hay también que saber contenerlo. A veces se confunde con la cabezonería. Yo podría decir que adoro a los cabezotas, porque defienden algo en lo que creen aunque se equivoquen. Pero los orgullosos suelen ser tan superiores, que según ellos no se equivocan jamás. Yo dudo mucho de quienes nunca se equivocan y casi les rehuyo. Para mí hay una condición esencial para no volver a equivocarse, y es estar muerto. Saludos.

rodericus2009 dijo...

Sobre todo, la lucidéz.Que con los tiempos que corren, es dificil tenerla, y ahora más que nunca es necesaria en cantidades industriales.

Y el sentido del humór, reirse hasta de uno mismo.Reirse del muerto y de quién lo vela, como decimos en Cataluña.

Que falta nos hace.Dicen que los angeles vuelan, porque se toman a si mismos a la ligera.

Santiago Bertault dijo...

Este tio merece todos mis respetos. Desde el día que saco ese artículo incendiario sobre la educación en que escribía lo que muchos no tenían cojones a decir.
Saludos

Miguel dijo...

Es curioso, no hay un pero que ponerle al señor Pérez Reverte y, sin embargo, y a pesar de hablar de la risa, son palabras dichas -pensadas, escritas,…- desde la soledad. No es bueno ni malo en sí mismo, pero en este país de botarates (me estoy poniendo revertiano) lo esperable hubiera sido leer “los amigos”, “los ratos compartidos” o cualquiera de las diversas modalidades de muletillas para no decir ese encontrarnos solos frente al espejo de nuestra memoria, de nuestro presente y de nuestro futuro -si, ya viene ese fantasma dickensiano, el peor de los tres para los que nos conocemos bien, por eso encienden esas luces, para ahuyentarlo-. Me interesan las otras tres cosas, y me da que las cuatro las ha dicho en un orden meditado. La lucidez, el orgullo y la cultura son coraza, escudo y espada (cielos, siguo revertiano) para poder disfrutar de la última. ¿O no es así?

Anónimo dijo...

Coño. Había leído "en el calvo". Pensé: "ha perdido pelo, pero no es para tanto". Fdo: Antónimo

Dar dijo...

Añadiría la curiosidad, ayuda a no estancarse...Por lo demás, esta vez sí estoy de acuerdo con el alterego de Alatriste (¿o es al revés?)

IGNACIO DEL VALLE dijo...

Me gustó mucho la frase de Pérez Reverte porque me gusta mucho su ideario. Cuando leí el maestro de esgrima me di cuenta de que era lo que yo quería ser: un tipo de honor. Después me he visto Los duelistas mil veces. Quería ser un buen tipo, pero eso no implicaba ni estupidez ni debilidad. Quería que el término buen hombre no implicara que te tomasen por el pito del sereno, porque a ese buen hombre no le temblaba la mano a la hora de la violencia -esto sí es revertiano- para defender una buena causa. En fin, como le decía el malo a Robert Redford en Una vida por delante cuando se ponía revertiano y le apuntaba con un Winchester: ve usted demasiadas películas, viejo. Y Redford le respondía: sí, posiblemente, pero eso juega en tu contra...

Dar dijo...

Muy de acuerdo con tu análisis, muy de acuerdo...
Lo único es que a mí no me parece que Alatriste haga lo que tu describes. Ojalá lo hiciera. Sin embargo, ¿qué buena causa defiende en Flandes? El concepto equivocado de honor que tiene le lleva a matar y a dejarse matar por una causa con la que no se identifica y de la que sabe que no vale la pena (el rey y su política imperial depredadora).

neville dijo...

Dificil el administrar algo cuando es tan poco tangible y escurridizo, pocos lo han logrado, por completo y hasta el final, si pudiera quedarme con alguno sin duda seria con la risa, en ella se resume todo y nada, ella sola es principio y final.
Saludos.

PULGACROFT dijo...

¿y cual es la verdadera cura?...