LAS PIRAGUAS DE RIBADESELLA 2009

| sábado, 8 de agosto de 2009 | 13:02


...como las grandes civilizaciones que siempre han creído ser el centro, al igual que los griegos dibujaban Grecia como una isla rodeada por el río océano, los incas llamaban a su capital Cusco (ombligo), los chinos se denominaban el imperio del centro o los estadounidenses sitúan América en muchos mapamundis en el eje de todo, yo ubico Ribadesella en medio de mi corazón. Porque al igual que aquel personaje de Kipling que afirmaba que yo soy más inglés que un nativo de las islas porque he elegido ser inglés, yo soy más riosellano que algunos porque lo he escogido. Y este finde cumpliré con el rito de adorar a esa serpiente multicolor que descenderá desde Arriondas, junto a miles de idólatras más, en el tren fluvial, en las riberas, junto a xanas, trasgos y tritones, vestidos con el chaleco y el collar de papel, y más tarde cumpliendo con la liturgia de la sidra, los bailes, los chiringuitos y el cachondeo. Mientras unos luchan por el triunfo, otros disfrutan del descenso y el resto se divierte. Ya sea usted remero o palista, portugués, asturiano, sueco o sudafricano, nuestro incienso de libertad, desenfado y tolerancia se elevará hasta el dios que tenga a bien atendernos, porque este fin de semana seremos su pueblo elegido. Eso está claro.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me muero de envidia...yo aqui pringando, qué asco de año :-) ¡pasaoslo bien! dar.

MARFIL dijo...

Hola Ignacio,

Por lo que he leído en tu delicioso artículo “Kipling es riosellano” y lo que leo aquí, parece que lo del Sella es algo muy tuyo y lo disfrutas a tope. ¡Qué bien!. Incluso para los que no nos sentimos tan vinculados a Ribadesella, sino a otros pueblecitos de la geografía asturiana, es algo de lo que estamos orgullosos.

Asimismo, nos informas en el artículo de tus proyectos futuros: Nueva York, Berlín.... Suena interesante, sin duda. A mí también me apetece cambiar de aires algún día, y vivir en otro lugar. La movilidad geográfica no es la misma en todos lo trabajos. Lo tendría más fácil en la Stern, porque un miembro de mi equipo ya ha estado allí, abriendo el camino, pero no me tira demasiado....El asfalto de París me llama, y sé que iré allí algún día, a explotar mi doble nacionalidad, y a trabajar no precisamente en el Moulin Rouge; cada una ha de hacer lo que sabe y puede hacer. Negociaré con la Sorbona; espero que me salga bien. Pero de momento, tengo proyectos importantes aquí, en la Asturias patria querida...

Tras la lectura de tu emotivo artículo sobre el Sella, hay otra cosa que me queda clara; que contigo no me equivoqué ni un pelo. Como psiquiatra newyorker – gorra NY incluída – para mí al menos, no tienes precio. De hecho, gratis total. Alguien que se muestra dispuesto a repartir “Manuales de Autoayuda”, puede ayudar, incluso sin intentarlo siquiera.

Como bien indicabas en tu difícil “mezcla de agua y aceite” que aún conservo y te aseguro que siempre conservaré, “las patadas en el culo siempre empujan hacia delante, y cuanto mayor es la patada, mayor es el impulso con que te avienta”. A veces uno puede estar cansado y sin fuerzas, pero la energía cinética proporcionada por la “coz” recibida, otorga renovadas fuerzas para sumarnos de nuevo a la frenética y dionisíaca pelea por la vida. Lo de apolínea contempladora, en mi caso espero dejarlo para unos mesecitos antes de mis 122 años, y de paso escribir mis memorias. El resto del tiempo espero vivir con la energía que creo que siempre me ha caracterizado.

Y como muy bien indicas en la difícil, por no decir imposible mezcla de ambos fluídos de manera estable, “resulta inevitable perder de vez en cuando, el truco es no convertirlo en un hábito”. Efectivamente, a veces tocan ases, a veces nada. Pero lo importante es que al final, el balance de la guerra librada resulte a favor, a pesar de haber perdido alguna batalla. Ese es el objetivo al menos de los que, como servidora, no hemos nacido para perder. Supongo que tú también te incluyes en el grupo.

Abrazos, Ignacio. Muchos abrazos.

Catalina dijo...

Y para mi, Riosellana que vive en Paris, Las Piraguas tienen un sabor especial...... Katia

Begoña dijo...

Estuve algunas veces allí durante el descenso. Se respira un ambiente de fiesta y juventud que le entra a uno por todos los poros.
Pero me da verdadero terror estar en lugar donde hay tal cantidad de gente que a penas consigues andar. Supongo que es por llevar niños conmigo, que me estreso por miedo a perderlos. No sé. Pero es digno de admirar.
Un día me gustaría echarle valor y quedarme a verlo hasta el final.
Lo que vi hasta ahora es una gigantesca culebra multicolor bajando por el río, casitas de enanitos, todas multicolores situadas en el más reducido espacio de verde y que no dejan lugar para una más. Música, fiesta y juventud desmedida, en un pueblo espectacular, sí, es algo digno de verse.Siempre alegra el cuerpo ver a la gente disfrutar.