Y digo Diego

| jueves, 22 de marzo de 2012 | 0:03



Ahora que las elecciones asturianas están a la vuelta de la esquina, la política, oficio necesario para mantener viva la flor delicadísima de la democracia, mostrará una de sus facetas más deleznables: la manipulación del lenguaje, ergo de la realidad. En su progresivo alejamiento de sus objetivos primigenios, léase el bienestar de los ciudadanos, la nueva fenomenología social se crea en el cuento que se hace de la realidad, en el sofisma, en la alcahuetería, en la argucia, en el catecismo doctrinal. Tanto es así, que en estos días nos contarán un relato que poco o nada tiene que ver con lo que está sucediendo, así que aquí les dejo un pequeño manual de instrucciones de uso: cuando les digan “neutralidad activa“, es que están buscando la forma de metérsela doblada en cuanto cambie el viento; si defienden una obligada “devaluación competitiva“, es que se van a quedar con un tercio de su sueldo para propinas; si usted lee “reforma” o “ajuste“, es que se le va a caer el pelo. Si le cuentan que en la empresa van a “racionalizar la plantilla“, no dude que estará en la calle en dos días; si oye lo de “crecimiento económico negativo“, es que prácticamente está navegando en el Wilhelm Gustloff; si aseguran que habrá “reajuste de precios“, vaya pensando en montar un huerto de verduras en la azotea para poder comer. Cuando alguien suelte que una provincia tiene “derecho a decidir“, es que ya están imprimiendo su propia moneda antes de declarar la independencia; los “desfavorecidos” son los que están comiendo en la beneficencia; los “violentos“, los hijos de puta que nos pusieron bombas durante una pila de años, y la “lucha armada“, terrorismo del duro. Los “residuos sólidos urbanos“, es la basura de toda la vida; la “aportación puntual de agua“, un trasvase con el que harás amigos; una “decisión unilateral“, es porque me sale de los cojones, etc… Ya les digo, circunloquios, tecnicismos, anestesia mental, cinismo. Perversidad. Una esfera donde ya no se resuelven los problemas generales, sino que se defienden los intereses particulares y los egos desaforados. No obstante, ¿saben cuál es el mayor drama de todos?  Que la alternativa a la política, la única, es el totalitarismo. Así que por algún lado habrá que empezar a reformar, porque las revoluciones siempre acaban fatal.

17 comentarios:

Begoña dijo...

En estos días cruzaba en coche la capital del principado y todo eran posters de candidatos a ganar las elecciones. Y no pude evitar preguntarme si acaso no teníamos que apretarnos el cinturón, reducir gastos innecesarios y demás.
Luego recordé las deudas astronómicas en el global de ayuntamientos, que ahora lucen los mismos carteles casi fantasmagóricos, porque juro que algunos me causaron pesadillas durante la noche.
Y pensé que nos tienen por amnésicos, nos llenan los buzones de publicidad y nos recuerdan una y otra vez que están ahí para tendernos una mano. La mano que después nos puede estrangular a conveniencia.
Qué cosa que para engatusar tengan la inventiva de crear vocablos, y que para llegar a acuerdos no sepan. Sigo en lo mismo, aún no sé cual de todas es la opción que menos coste en salud me costará.
Agradezco ese diccionario de vocablos solapados con que nos sacuden de cuando en cuando, aunque creo que en cuanto comencemos a entenderlos los cambiarán.
Saludos

IGNACIO DEL VALLE dijo...

Y yo volveré a escribir otro artículo, porque el tema me apasiona tanto como a ellos. Un libro: La seducción de las palabras, Álex Grijelmo. Otro: El saqueo de la imaginación, Irene Lozano.

Si hablas inglés también tengo recomendaciones.

Comentario de un amigo concejal -que los tengo, a pesar de todo-: en política, todo se basa en una pelea por el poder. En ese sentido, es una lucha muy pura.

Saludos.

Dar dijo...

Muy interesante el tema, gracias por abrir el debate. Dudo que el problema esta en la calidad moral e intelectual de los politicos: exigimos de ellos una consistencia, una valentia civica y una capacidad de resistir tentaciones que pocos de nosotros demuestran en su vida cotidiana, en su trabajo en su familia. Creo que los politicos, aunque quisieran, no lo tienen facil para resistir a los poderes facticos que se mueven en mayor anonimato y que no rinden cuentas a nadie, ni siquiera a sus accionistas :-) No me refiero a ningunas teorias de consporacion, hablo de los financieros, de las grandes fortunas, que actuan con cada vez mayor autonomia de los estados nacionales y en vez de negociar con los politicos como lo hacian durante el siglo XIX y la mayor parte del XX, intentan directamente imponerles sus criterios. Y como los politicos tampoco es que tengan detras una poblacion movilizada, tienen relativamente poco poder de negocacion. En general, como ha demostrado esta crisis, sobre todo en los paises pequenos y medianos los representantes del pueblo, que es lo que son los politicos, aunque se les/nos olvide, tienen poco poder real en general.

Rodericus dijo...

Todo un compendio del uso perverso del lenguaje, si señor.

Una forma de aligerar el concepto vaciandolo de su dureza original, para no levantar la "liebre".

En cuanto a lo de que a los políticos solo les queda la lucha dialéctica, es la triste realidad. Porque lo de luchar políticamente aportando soluciones e ideas a los problemas, desgraciadamente es cosa del pasado. Puestos a luchar, que lo hagan en un "ring" a puñetazos y bofetadas. Votaríamos al que quede en pié, al mas bruto. Y al menos, tendríamos algo de espectáculo

Y desde hace unos años, parece que estemos viviendo una campaña electoral perpetua que acaba saturandonos y convirtiéndonos en cinicos de tomo y lomo, y sin ganas de votar a nadie.

Nuestra sociedad es una analogía del barco que citas, el "Wilhem Gustloff". Navegamos con una sobrecarga de refugiados agotados por las penalidades, ignorando los dos torpedos que se acercan para rematarnos.

Saludos.

IGNACIO DEL VALLE dijo...

Antes que nada, para que os riáis un poco, el vitriólico artículo de Antonio Lucas sobre la inenarrable foto de Camps: buscad LA DEL BARQUERO.

IGNACIO DEL VALLE dijo...

Respecto a tu opinión, Darina, estoy de acuerdo a medias. Precisamente porque los dineros son públicos, porque nosotros tendemos al mal y a lo espúreo, y porque tienden a aparecen como setas desequilibrados del calibre de Camps -qué foto entre Cañas y Barro-, necesitamos como el agua mecanismos de control. Eliminar las listas bloqueadas, crear un sistema de alarmas durante el proceso tanto de elección como de desarrollo del puesto, y un castigo duro y sin contemplaciones de los infractores.
Unas de las cosas que más duele es la relativa impunidad de estos individuos.

Entiendo que hay gente vil en cualquier trabajo y de cualquier condición política, por eso, porque la condición humana no entiende de clasificaciones. La política es un oficio más, en la que hay, evidentemente, gente validísima y que desea ser honrada: pongámoslo fácil para estos señores y dotémosles de la capacidad coercitiva necesaria para que no tengan que ceder a su naturaleza, que es la de todos.

Lo que ha explicado Soraya sobre la transparencia de la administración va por buen camino, pero es necesario mucho, muchísimo más.

Beso.

IGNACIO DEL VALLE dijo...

Otro caso hiriente: las declaraciones de ese joven directivo que se autodespidió acerca de la bancarrota moral de Goldman Sachs.

Dar dijo...

D'accord!

Rodericus dijo...

Coincido contigo en lo escandaloso de las declaraciones del ex-empleado de Goldman Sachs. Este tipo de banca de inversión, es mas un casino de juego donde la banca siempre gana, que un banco convencional. Impagable también es el documental "Inside Job", sobre la quiebra de Lehman Brothers en Wall Street. Sorprende la actitud de chulería y prepotencia e los responsables al declarar delante de la comisión del Congreso Norteamericano abierta sobre el caso. LO que da mucho que pensar, es que estos tipos actualmente están dando clases de economía en las mas prestigiosas universidades USA, y alguno trabaja incluso para la reserva federal.Inquietante es también que nuestro flamante ministro de economía, Luis de Guindos, era el delegado para el sur de Europa de Lehman.

Coincido en lo delirante de la foto de Camps con la barca en la Albufera. No se muy bien si es el cínico perfecto, o un desequilibrado sin tratamiento médico.

¿ Transparencia ?. No se que deciros, el mismo Camps publicó hace un par de años su balance de bienes : un coche con quince años de antigüedad, y una cuenta corriente con un saldo de 7.000 Euros. Aquí, no ha habido transparencia, sencillamente, ocultación. Es increíble que alguien que lleva tanto tiempo cobrando una buena nómina, presente ese balance tan mísero.

Saludos.

Dar dijo...

Me uno a la recomendacion de la pelicula Inside Job de la que habla Rodericus.
Y un libro llamado 23 Things They Don't Tell You About Capitalism, de Ha-Joon Chang, profesor de economia en Cambridge. El autor no es anti-capitalista, pero no cierra los ojos frente a los problemas del capitalismo global.

IGNACIO DEL VALLE dijo...

También he visto Inside Job. Muy recomendable.

¿Alguien le pone peros a la Doctrina del Shock, de Naomi Klein? Parece tener visos de coherencia, pero a veces también se asemeja a un documental sobre teorías conspiratorias.

IGNACIO DEL VALLE dijo...

Sobre transparencias, en el artículo de Nathan Gardels, Medios sociales y democracia deliberativa, El País, 21 de marzo:


"De­mo­cra­cia, de­li­be­ra­ción y “mul­ti­tu­des in­te­li­gen­tes”. La cri­sis de go­ber­nan­za que pa­de­cen las de­mo­cra­cias ac­tua­les pro­ce­de de la “fal­ta de de­li­be­ra­ción”. La de­li­be­ra­ción es ne­ce­sa­ria pa­ra que la de­mo­cra­cia pro­duz­ca de­ci­sio­nes co­lec­ti­vas in­te­li­gen­tes y no una po­lí­ti­ca pa­ra bo­bos. Sin me­ca­nis­mos de de­ci­sión de­li­be­ra­ti­vos, las re­des so­cia­les que so­lo fo­men­ten una par­ti­ci­pa­ción y di­fu­sión sin in­ter­me­dia­rios se li­mi­ta­rán a alen­tar a la “mul­ti­tud bo­ba”.

Uno de los desafíos del in­men­so po­der de par­ti­ci­pa­ción de los me­dios so­cia­les ra­di­ca en con­ver­tir a la “mul­ti­tud bo­ba” en “mul­ti­tud in­te­li­gen­te”. Tal co­mo es­tán las co­sas, me­dios so­cia­les co­mo Twit­ter o Fa­ce­book son bue­nos pa­ra una mo­vi­li­za­ción de cor­to vue­lo de per­so­nas dis­pues­tas a ac­tuar, pe­ro no pa­ra desa­rro­llar los pro­ce­sos de ne­go­cia­ción y crea­ción de con­sen­sos que pre­ci­sa una to­ma de de­ci­sio­nes in­te­li­gen­te. El tras­la­do de las en­cues­tas de­li­be­ra­ti­vas al ci­be­res­pa­cio po­dría ser­vir pa­ra trans­for­mar a la mul­ti­tud bo­ba en mul­ti­tud in­te­li­gen­te. Sin em­bar­go, mien­tras se han po­di­do rea­li­zar son­deos de­li­be­ra­ti­vos de pre­sen­cia fí­si­ca, reunien­do a 200 o 500 per­so­nas se­lec­cio­na­das por mé­to­dos es­ta­dís­ti­cos, no se ha lo­gra­do de for­ma vir­tual. El éxi­to de los se­mi­na­rios vir­tua­les or­ga­ni­za­dos por uni­ver­si­da­des co­mo la de Stan­ford —en los que lle­gan a par­ti­ci­par has­ta 160.000 per­so­nas— apun­ta su po­ten­cial.

Pe­ro en sí mis­mas, ni la trans­pa­ren­cia ni la opa­ci­dad cons­ti­tu­yen una vir­tud. De­ma­sia­da trans­pa­ren­cia pue­de aca­bar con la so­li­dez de las ins­ti­tu­cio­nes de­li­be­ra­ti­vas. Es­ta es la “pa­ra­do­ja de la aper­tu­ra”. Si las en­cues­tas de­li­be­ra­ti­vas exi­gen cier­to “es­pa­cio des­po­li­ti­za­do”, las ins­ti­tu­cio­nes de­li­be­ra­ti­vas pre­ci­san de cier­ta opa­ci­dad pa­ra pro­te­ger sus de­ci­sio­nes de la pre­sión po­pu­lar y de la “ti­ra­nía de la ma­yo­ría”. Es­ta es la ra­zón de que el Tri­bu­nal Su­pre­mo y la Re­ser­va Fe­de­ral de EE UU no sean ins­ti­tu­cio­nes “trans­pa­ren­tes”. La opa­ci­dad otor­ga un mar­gen pa­ra una de­li­be­ra­ción ra­zo­na­da, no so­me­ti­da al es­cru­ti­nio pú­bli­co.

La de­li­be­ra­ción con­sis­ten­te re­quie­re una in­for­ma­ción neu­tral, ob­je­ti­va y de ca­li­dad. Aquí nos en­fren­ta­mos al mis­mo gra­do de po­li­ti­za­ción y de po­la­ri­za­ción de la vi­da po­lí­ti­ca. El im­pe­ra­ti­vo de “mo­ne­ti­zar la aten­ción” pa­ra ni­chos de mer­ca­do con­ta­mi­na la ca­li­dad ob­je­ti­va de la in­for­ma­ción. Los blo­gue­ros úni­ca­men­te ha­blan pa­ra su pro­pia tri­bu y la gen­te so­lo en­cuen­tra la in­for­ma­ción que bus­ca. La in­for­ma­ción de­ja de ser co­mu­ni­ca­ti­va. El cui­da­do de la in­for­ma­ción —la je­rar­qui­za­ción de su ca­li­dad in­te­lec­tual, la ve­ra­ci­dad o su in­ter­re­la­ción con otras dis­ci­pli­nas— son re­qui­si­tos de la go­ber­nan­za de­li­be­ra­ti­va".

Rodericus dijo...

He leído algo de la "Doctrina del Shock" de Klein. La aplicación radical del esquema económico de la escuela de Chicago de Friedmann en Sudamérica fue real. Creo que la mayor parte de lo que relata en el ensayo se ajusta a la realidad de lo que ha ido sucediendo en los movimientos de capitales de los últimos veinte y treinta años. Se ha desarrollado una economía de inversiones "parasitaria", despegada de la economía productiva real,que se limita a especular al alza y a la baja en los mercados, y que cuando se desploma, como ha sido el caso hace tres años, arrastra a todo el sistema detrás.

Sobre el articulo que transcribes, estoy bastante de acuerdo. El movimiento del 15-J puede ser un buén ejemplo.

Una capacidad de movilización desconocida hasta la fecha, pero que ha quedado reducido casi a la nada. La falta de capacidad para articular una plataforma estable con un liderato visible, falta de coordinación entre los diversos focos, caer en la trampa de "la asamblea permanente", ser incapaces de redactar un decálogo de prioridades, ha condenado toda esa indignación y energia al fracaso.

Para cambiar el sistema, hace falta tener capacidad de organización, presentar un programa político, obtener escaños y representación, y empezar a hacerlo desde dentro del mismo sistema. Todo lo demás, son muy buenas intenciones, pero condenadas al fracaso.

Saludos.

IGNACIO DEL VALLE dijo...

Por cierto, muy interesante lo del seny catalán... El Ónix seguro que también.

Atrapa­dos en la sen­sa­tez
CAR­LES CAS­TRO
La Vanguardia
25 de marzo de 2012

La cri­sis ame­na­za la efi­ca­cia de al­ter­nar pro­xi­mi­dad po­lí­ti­ca y desacuer­dos iden­ti­ta­rios con el PP La ba­se elec­to­ral de CDC es una cla­se me­dia ge­né­ti­ca­men­te cen­tris­ta, que con­ju­ga emo­ción y rea­lis­mo. Los únicos independentistas sensatos están en CDC; por eso CIU no declarará nunca la independencia”. Esta afirmación apócrifa y algo cínica podría resumir la personalidad del principal partido de la Catalunya autónoma. Es decir, un partido dirigido por gente que sueña con la independencia pero que duda de que sea factible a corto plazo y que, además, sospecha que el precio podría desbordar los beneficios. Naturalmente, cabría reprochar a CDC que prometa a sus electores un horizonte que el propio partido juzga poco viable, pero la evolución electoral refleja que esos votantes aceptan con gusto la escenificación. Al fin y al cabo, el sueño de reescribir la historia es un poderoso bálsamo para las identidades que se sienten heridas.
Además, muchos votantes nacionalistas se han radicalizado, por lo que la deriva soberanista de CDC tiene su lógica electoral. El desenlace de las autonómicas del 2003 y de las generales del 2004 fue un aviso demasiado serio para ignorarlo. Y los años de travesía del desierto a cuenta de la migración de una parte del voto nacionalista hacia la Esquerra independentista constituyen un recuerdo capaz de traumatizar a cualquier partido de gobierno.
Sin embargo, pese a que el soberanismo del electorado catalanista se ha acentuado en los últimos años, el grueso de esos votantes siempre acaba volviendo a CIU. Y eso también ha ocurrido ahora, cuando las ofertas del independentismo “auténtico” son más numerosas que nunca. La razón, más allá del histrionismo que exhiben algunas de las formaciones independentistas radicales, podría residir en la composición social del electorado natural del nacionalismo: una clase media genéticamente centrista, que se sitúa a la izquierda del PP en políticas sociales, pero con una sentida identidad catalana que también la aleja del socialismo español en las elecciones autonómicas. Es decir, la expresión más genuina del tradicional seny.
De hecho, sólo un tercio de los votantes nacionalistas apuesta exclusivamente por la independencia de Catalunya. Otro tercio aceptaría una fórmula federal, y un 25% es partidario del actual statu quo. El independentismo sólo es mayoritario entre los votantes de ERC. Es más: ante la convocatoria de un eventual referéndum para decidir la independencia de Catalunya, sólo la mitad de los electores de CIU votaría a favor, mientras que un 40% lo haría en contra o se abstendría.
Al apoyarse en esta base social, CDC –y por extensión, CIU– dispone de un cierto cheque en blanco electoral. Ahora bien, más allá de los elementos de sintonía identitaria e incluso emocional, la lealtad de esos votantes hacia la Convergència moderada y pactista se apoya también en un ejercicio de intuición política (basada, a su vez, en un profundo realismo). Es decir, las clases medias catalanistas entienden que la relación bilateral con el resto de España supone que cualquier avance en el autogobierno debe contar con la aceptación de la otra parte. Lo único unilateral es la independencia, pero para transitar ese camino hace falta un nivel de apoyo (o de obstinación) que no parece existir en la sociedad catalana. Al fin y al cabo, el gradualismo del peix al cove ha permitido un avance sostenido del autogobierno.

IGNACIO DEL VALLE dijo...

En este sentido, y aunque la cosmovisión sentimental del nacionalismo se distingue por el recelo secular hacia España, CDC ha sabido leer (y trasladar a sus votantes) que, más allá del ruido dominante, Madrid cobija posiciones matizadas ante el contencioso catalán, aunque sólo sea como resultado de las correlaciones parlamentarias. Explotar esa baza constituye el gran activo que ha exhibido CDC para arrogarse el mérito de escenificar el protagonismo de Catalunya.
Por eso, los votantes nacionalistas sólo se alejarán de CIU si la coalición no es capaz de personificar retóricamente la imagen de una soberanía testimonial de Catalunya. Y eso es lo que ocurrió a partir de 1998 por efecto del híperelectoralismo españolista de Aznar. Entonces ni siquiera Pujol pudo evitar que el sentimiento de dignidad nacional se viera menospreciado por semejante aliado. Por eso, ahora CIU intenta mantener las distancias formales con su “socio responsable” en el Parlament. Claro que esa estrategia de proximidad política y divergencia identitaria con el PP puede operar bien en una situación de bonanza. Con la crisis, y si las medidas de ajuste no se traducen a medio plazo en una cierta mejoría económica, el crédito de CIU podría desvanecerse. De ahí que CDC se aferre al pacto fiscal como a un salvavidas que respalda el 76% de los catalanes.

Rodericus dijo...

Fantástico articulo el de "la Vanguardia". Hoy la he comprado, de hecho lo hago a diario, y se me ha pasado por alto. Los domingos, suelo comprar también "El País", me gusta bel cuaderno dominical centrál.

La radiografía del electorado catalán que hace el articulista, es bastante certera y pegada a la realidad aquí y hoy. La mayor parte del electorado, comparte la visión política de CIU, que entiende que una independencia es poco menos que utópica e irrealizable, ( cosa que yo comparto. Solo seria independentista si me jurasen que los políticos que conducirían el futuro del país, no tendrian bolsillos ni parientes ).

Tenemos muy claro que nuestro futuro pasa por estar integrados en España, sea en un régimen federalista, o con un concierto económico al estilo del país vasco. Y por tener un peso mas importante dentro de gobierno central, consensuando las decisiones que se tomen. Hasta ahora, con un partido como el PSOE, con un jacobinismo agudo, pero oculto, eso ha sido imposible

Acerca del independentismo, ya hemos tenido bastante con la presencia de ERC en el tripartito estos años. Se han mostrado como lo que son, una formación política sin madurez ni sentido del estado.Han sido pasto de sus propios escándalos. Una de las pocas virtudes de ERC, es que es un partido netamente asambleísta, y la militancia, no perdona divismos ni personalismos baratos. El inconveniente de esto, están renovando permanentemente la cúpula, con gente de poca experiencia en el cargo, y a veces, no tienen demasiado tiempo de "calentar el sillón". En ERC, el que la "hace", la acaba "pagando".

Como traducción, te diré que el concepto "seny" viene a ser el sentido común, y su opuesto "la rauxa" viene a ser la pasión enloquecida. El carácter catalán suele ser el primero, aunque de tarde en tarde, sople la tramontana, y a alguien le entre un ataque de "rauxa".

La imagen del "coco" catalán que algunos interesados tratan de vender desde la meseta, poco tiene que ver con la realidad del día a día en Cataluña. Aquí solo hay dos "totems" intocables : el "Barça" y la Virgen de Montserrat, y la segunda, cada vez menos. Todo lo demás, es negociable y discutible. Y si puede ser sentados a la mesa,a la hora del café, y con una copa en la mano, mucho mejór.

Saludos.

IGNACIO DEL VALLE dijo...

Me pasa lo mismo con el Real Madrid y con el vino bueno.