Creatividad y neurosis

| sábado, 26 de noviembre de 2011 | 12:43


No me canso de escuchar la milonga de que el artista, para crear bien, en profundidad, tiene que sufrir. El levitante de guardia nos habla de la ilimitada extensión de su tormento, de la increíble intensidad de su dolor, de la incesante variedad de la tortura intelectual. Bien, cada vez que escucho el enfermizo y cansino discurso, considero que se tiene en bien poco el sufrimiento, o bien la persona que lo dice ha tenido la desmedida fortuna de experimentar poco dolor. Sufrir, es decir, sufrir de verdad, es tener una hernia discal jodiendo de tal manera que no te puedes ni mover de la cama. Sufrir es que se te muera un hijo. Sufrir es tener un cáncer acampado en la médula de los huesos royendo tu vida segundo a segundo. Sufrir es encontrarte sin comerlo ni beberlo bajo un cartel con la leyenda Arbeit macht frei. Eso es sufrir. Lo demás es un cuento. Cierto es que para crear se necesita cierto grado de neurosis, cierta compulsión y obsesión, un trabajo intenso, una concentración que te roba horas de sueño, te aparta de la realidad y te pone, en muchos casos, de mala hostia. Ahora bien, de ahí a decir que te duele y que te va la vida en ello, en fin, hay gente que se le da bien el teatro o el storytelling del marketing. A mí en cuanto me sueltan que solo lo doloroso puede ser verdaderamente memorable, me largo a comprar una botella de Pol Roger. Si a ti te gusta sufrir, métete a supernumerario y cómprate un cilicio, pero yo te aseguro que por ello no vas a escribir mejor. En literatura lo único que da réditos es currar dieciséis horas, agotarte, esforzarte al máximo en el proceso de controlar primero las herramientas del oficio, y luego olvidarlas para buscar la pasión que comunica el sentimiento. Y tener en cuenta que, a día de hoy, todo está inventado, y los que asocian su obra con innovación, no son más que recopiladores, mezcladores, recicladores de formas preexistentes, unas en desuso y otras olvidadas, y que parecen nuevas al combinarse con otras, pero que son más antiguas que andar de pie. Por eso me dedico últimamente a leer a Heródoto con un copazo de Chateau du Busca XO bien cerca, porque el único sufrimiento que me interesa a la hora de aprender o crear, es cuando el viejo me cuenta de la tremebunda venganza que los escitas le aplicaron a Ciaxares. Menudos cabrones, oigan.

12 comentarios:

Begoña dijo...

Es cierto lo mucho que se repite que para escribir hay que sufrir. Quizá sería más cierto decir que cualquier cosa dolorosa después de escrita duele mucho menos porque ya está fuera, y puede mirarse desde otra perspectiva.
Saludos

Rodericus dijo...

En cuanto al asunto del "marketing", tienes toda la razón. Vende mas la "aureola" del autor "maldito", con fama de transgresor, que el valor intrínseco de la obra en sí misma.

Después de tres mil años de literatura, no hay nada nuevo bajo el sol en cuanto a técnicas narrativas. Tan solo una buena idea, tener algo a decir, y conseguir hacer ameno el relato. Si además, hay un buen estilo literario, magnifico.

Saludos, Ignacio

Ilsa dijo...

A mí lo del escritor atormentado me suena a otra época.
Para escribir, creo que lo que hace falta es talento e imaginación.
Cada escritor tiene su estilo y personalidad,claro que experiencias positivas o negativas que te suceden a lo largo de la vida te pueden influir ,pero de ahí a que se tenga que sufrir tortuosamente para escribir,como que no.

Lo importante para escribir es sentir la necesidad de hacerlo,eso lo puede hacer cualquiera,pero como ya he dicho anteriormente,el profesional tiene talento para ello.

Saludos

YO dijo...

Ya lo había leído hace tiempo, Ignacio. Estupendo si la literatura fluye mejor con gran bienestar personal. Estupendo. En tu caso. Cada uno cuenta la feria como le va. Y cada uno tiene su vida, y vive su vida. Nadie tiene que decir a nadie lo que es mejor.

Personalmente, coincido contigo en que cuanto mejor me encuentro, mejor trabajo. No me gusta sufrir; trato de evitar el sufrimiento al máximo. A mí, lo que más me ayuda es la tranquilidad; estar a gusto conmigo misma, satisfecha. Lo de feliz, eso no siempre es posible. Pero sobre todo, tranquilidad y buenos alimentos, y ejercicio físico...

Es importante ganar, y también como dijiste, está bien perder. Muchos estados diferentes otorgan perspectivas diferentes….

Si Beethoven no hubiera vivido lo que vivió, no habría compuesto algunas de sus mejores páginas. Que su vida fue un desastre está claro; pero también determinó lo que dejó para la historia. Es así, Ignacio. Te guste o no.

Lo importante es que cada uno elija su propio camino vital y de creación.
Crear en provincias, crear en Madrid, ...todo es posible. No hay un único camino, no te creas.
Todos somos diferentes.
En este sentido me llamó mucho la atención el artículo de Igor Pascual este finde en el suplemento Culturas del Comercio. No tengo tiempo de buscarlo en la web, me piro a dar clase, tranquila y satisfecha.
…Pero merece la pena leer lo que piensa este rockero sobre producir en Madrid o en provincias. Es simpático este chico…

Begoña dijo...

YO, hay un chico peruano que toca la flauta de pan en plena calle, sentado en una silla de ruedas. Se ve que lleva una vida penosa- las monedas que reúne en su sombrero volteado a penas si le darán para comer-. Su arte me asombra, por su infinita pasión a la hora de interpretar.
Si tuviese una varita mágica le haría subirse a un escenario con siete mil personas, caminando sobre dos piernas robustas, y cruzaría los dedos porque su música sonase exactamente igual a como suena.
El arte es el arte y se expresa. Si la persona que lo expresa vive exactamente la vida que eligió vivir, mejor que mejor. Si es la vida opuesta a la que elegiría, peor para él. El arte cuando es arte de verdad no consigue retenerse de ninguna manera. Busca su expresión.

Lo demás son meras circunstancias.
Saludos

YO dijo...

Totalmente de acuerdo, Begoña.

No veo que nada de lo que dices se oponga a mi argumentación.
En ningún momento he defendido el sufrimiento, ni he dicho que los sufran produzcan más y mejor.
Sólo digo que lo que vivimos determina lo que somos y lo que podemos expresar.

Eso sí. Expresar podemos expresarnos todos, pero no todo el mundo tiene arte, ni cualidades de artista.

Hay sufridores que aburren a las piedras y hay sufridores como Beethoven, que son universales e inmortales. Siento pena por lo que sufrió, pero tocando la Sonata Patética, que sólo él pudo componer, fui feliz y aún lo soy, aunque no al mismo nivel. Todo envejece. Los dedos también.

I can´t agree more, Begoña.

Juan. dijo...

Enhorabuena Igancio por haber suscitado estos comentarios, y este pequeño"debate".
El escritor que no tenga nada que decir, que no se lo curre, que no pula y de cera a su estilo hasta dejarse los ojos no llegará a nada, para eso las circunstancias personales influyen, pero no son definitivas. Efectivamente creo que algo de neurósis hace falta para crear. Bien decía Montero Glez que los textos no se acaban, si no que se abandonan ante la desesperación de no poder hacerlos mejores. Esa es la pasión necesaria para crear, no el dolor intenso, bien físico o emocional. En cualquier caso, ante tu artículo sólo puedo decir una cosa: amén.

IGNACIO DEL VALLE dijo...

Gracias a todos por el ágora. Evidentemente, en ocasiones puntuales el dolor puede ser el tiping point de los gringos para comenzar una obra, pero si no sabes manejar las herramientas, será energía sin control. Sigo defendiendo que la gente crea a pesar de que sea alcohólico o masoca, no gracias a ello.

YO dijo...

Desde luego, nadie ha dicho lo contrario o, al menos YO no he dicho lo contrario.
Si al final crear es manejar herramientas, es un oficio, pues parece casi igual a todos los oficios – artísticos o no-. Por supuesto que nadie opera a corazón abierto de un día para otro, ni se pone a publicar artículos de investigación de un día para otro. Eso requiere un oficio, trabajo y tiempo. Eso sí, hay gente que se mete a escritor de un día para otro y dan miedo, la verdad.

El arte requiere talento creativo y no todos los que se quieren dedicar a él lo tienen. Beethoven fue hijo de un alcohólico y terminó él mismo alcohólico por la terrible vida que vivió. Su desgarro, su “amada inmortal”, que no se sabe si la tocó o no, le inspiraron páginas irrepetibles. Páginas que por ejemplo Bach no compuso. Bach, el músico por excelencia, la creación musical pura, el talento infinito, además tuvo una vida de lo más ordenada y placentera, con dos matrimonios, un montón de hijos….Pero las distintas vidas de esos dos grandes genios produjeron música muy diferente. Y los dos eran supra-normales como creadores y artistas.

Sufrir, sufrir, se puede llegar a sufrir por muchas cosas pero cada uno elige. Esta mañana he presenciado la Cátedra de una compañera mía de área que ha sufrido lo indecible por sus inmensas ganas de ser Catedrática. Desde hoy, ya lo es. Su ambición profesional era infinita.

Desde luego, yo no voy a sufrir por eso. Ni mucho menos. Y si un día me meto en esa guerra, no será por ambición. Tal vez por dinero, aunque visto lo visto, poco se puede esperar….Si un día lo intento de veras será porque alguien lo espera de mí. No soy tan ambiciosa como antes porque lo verdaderamente importante en la vida no es el éxito profesional. Si un día me meto en eso será por una razón que no sé si es la que mueve el mundo, pero desde luego, es el motor que mueve mi mundo y una de las cosas importantes por las que merece la pena vivir. O eso creo.

YO dijo...

Uuuuuuuuuuuuuuuuuy que cosas dice esta Katherine, que por lo visto tiene muchos lectores. Y una trilogía que parece que va a ser muy exitosa por aquí.

http://www.elcomercio.es/v/20111201/cultura/para-pensar-escribir-importante-20111201.html


Hay que ver que no todos los escritores de éxito – y esta chica tiene mucho éxito- piensan lo mismo que el señor Ignacio del Valle. No señor, no.

IGNACIO DEL VALLE dijo...

Son las diferentes visiones de la vida las que conforman nuestra cultura...

Begoña dijo...

El éxito es un cóctel cuya composición exacta nunca tendremos. Lo mismo que la experiencia personal, que uno puede aplicar a su vida literaria como exorcismo, para extraer algunas enseñanzas más en beneficio propio que de un todo común.
En ocasiones el escritor pone una mecha que el público enciende y de pronto explosiona. La reverberación de este hecho también escapa a todo control. Esa es la magia de la escritura.
Saludos