Horacio Quiroga

| jueves, 25 de marzo de 2010 | 8:34



Les voy a proponer un regalo feliz: Horacio Quiroga. Para quien no lo tenga posicionado en su radar, le diré que es el Edgard Allan Poe sudamericano. Con sus cuentos usted se tapará los ojos como si viese una peli de miedo, pero no podrá evitar dejar siempre un resquicio entre los dedos para seguir mirando. Y según el relato, experimentará las diferentes posibilidades del temer de las que hablaba Heidegger: si se trata de algo conocido, sentirá espanto; si desconocido, atravesará el terror; y si las dos posibilidades se dan combinadas, será pavor. Este uruguayo a caballo entre el siglo XIX y el XX también tiene mucho que ver con Rudyard Kipling y Guy de Maupassant -y no sé por qué también me viene siempre a la cabeza Ambrose Bierce-, y si vida los cuentos se pudieran dividir hipotéticamente en Chejovianos y Borgianos, es decir, en cuentos cuya tensión se distribuye a lo largo del contar, o en cuentos que estallan en un final impactante, podríamos situarlo en la fila de los Borgianos. Para cogerle el pulso suelo recomendar Los cuentos de amor, de locura y de muerte, un volumen de narraciones breves que les exhorto a leer bajo la tremolante llama de una vela. En dicha obra, con la limpieza y la ferocidad del tajo de un pesado sable, Quiroga repasa todo el catálogo de conflictos que puede tener un hombre con la Naturaleza -llámese asimismo Destino-, hambre, miseria, muerte, extravíos mentales, ataques de animales… Un turbio silo con títulos como La gallina degollada, La insolación, A la deriva, Miel silvestre, El almohadón de plumas… que reflejan el mismo amor, la misma locura y muerte que anegaron su vida, una existencia plagada de padrastros, amigos y esposas que se suicidan, muertes accidentales, fracasos amorosos y enfermedades incurables. Horacio Quiroga es el localismo obsesivo que apunta siempre en dirección al mundo; un aura de fatalidad que aún así busca razones para vivir; una tensión, intención e intensidad constante en cada historia; lo expresivo contra lo gramatical o académico; la vigencia al margen de modas; un coqueteo con lo implacable que les provocará un estremecimiento difícil de olvidar.

7 comentarios:

Begoña dijo...

Resulta que cuando buscaba escritores interesantes solo encontraba historias huecas. Y ahora que encuentro libros interesantes no doy a basto a leer porque soy lentísima de la muerte leyendo. En realidad incluso mientras leo un libro sigo pensando en otro hilo de pensamiento en la historia que estoy rematando.
Buscaré a Horacio Quiroga en la biblioteca, pero si sus historias son muy truculentas no podré con ellas, eso lo sé de antemano. El libro que estoy leyendo actualmente lo salto a trocitos porque no puedo con las imágenes que me evoca, sobre todo porque fueron verdad. Pero ya dije una vez que los libros están hechos a medida igual que los zapatos, y hubo uno que me encajó como anillo al dedo La mecánica del corazón. Insistí en que mi hija lo leyera y se aferró a su libro de crepúsculo ofendida, me dijo: Maribé, eso vale para usted, los gatos no tienen lentejuelas. ¿Donde se vio un gato con lentejuelas?, yo le dije que era el rocío de la noche lo que describía y me responde: el que escribió ese libro era tan hortera como usted.
Por cierto el primer capítulo se lee en internet gratis y me parece precioso...

rodericus2009 dijo...

Saludos a todos. Un parón debido al cambio forzoso de ordenador me han mantenido apartado. No conocia a este autór, Ignacio, pero me ha picado la curiosidad y buscaré por aquí alguna cosa de él. Por la descripción que haces de él podria pasar por el hermano hispano de Edgard Alan Poe, lo digo por su existencia atormentada.

Begoña dijo...

Como de momento no voy a poder buscar más libros para leer, estuve leyendo lo que pone de Horacio Quiroga en la wikipedia y creo que es imposible tener tan mala suerte como él. Toda su vida es muerte prematura y fracaso amoroso. Parece que la realidad a veces supera la ficción. Si es un escritor atormentado desde luego que le sobran razones para serlo, y creo que su visión del mundo tiene que ser extraña aunque no quiera.

Como anécdota os doy un dato que daban ayer a medio día. Un hombre llama a la policía para denunciar un robo que se produjo en su casa. Llega la policía y en el interior de esa vivienda se encuentra un botín de tres millones de euros en objetos robados. La casa, era una casa de campo de lo más normal. Yo me pregunto ¿de verdad alguien que ha sido capaz de robar todo eso sin levantar sospechas va a cometer un error tan estúpido?

Juan Carlos dijo...

No es de extrañar ese aura de fatalidad que tú mencionas si tenemos en cuenta la serie de fatalidades y acontecimientos trágicos que acompañaron el curso de su vida:
1.- A los tres meses de edad, su padre murió de un disparo accidental de su propia escopeta en su presencia.
2.- Después de unos años su madre se volvió a casar. Tras 5 años de matrimonio su padrastro, con quién estableció profundos lazos afectivos, que sufría una parálisis provocada por un derrame cerebral se suicida.
3.- Posteriormente dos de sus hermanos mueren victimas del tifus.
4.- En el mismo año, su amigo Federico Ferrando se reta en duelo con un periodista del que había recibido profundas críticas. Quiroga se ofrece a preparar el revólver que su amigo iba a utilizar en el duelo con la mala suerte de que al revisar el arma se le escapa un disparo que mata a su amigo Federico.
5.- Cuando decide trasladarse con su mujer, Ana María Cires ex-alumna suya, a vivir a la selva ésta no soporta esta vida y ante la negativa de su marido de regresar a Buenos Aires se suicida.

¿Continuo? Quizás no, suficiente para entender un poco su obra.

Ilsa dijo...

Cualquier recomendación sobre libros es bienvenida.No conocía a Horacio Quiroga ,pero se me ha despertado la curiosidad y leeré algo sobre él. Ahora en en estos días de descanso es una buena época.Yo conocía como autora de "Cuentos de suspenso", como dicen en Sudamérica, a Silvina Ocampo su libro "Cornelia frente al espejo ", me fascinó.Si alguien duda del valor de la palabra magia que lo lea.
un saludo a todos.

Paqui dijo...

Hola,
Lo que conozco de Horacio Quiroga es su DECALOGO DEL PERFECTO CUENTISTA , un clásico en los cursos de cuentos, ahí va:
1) Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chejov— como en Dios mismo.
2) Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.
3) Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.
4) Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
5) No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.
6) Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: “Desde el río soplaba el viento frío”, no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.
7) No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
8) Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.
9) No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.
10) No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

Frank Invernoz dijo...

Creo que Horacio Quiroga es un escritor uruguayo y recuerdo que en los últimos cursos de la Escuela Primaria en Buenos Aires, un maestro nos leía pasajes de "Cuentos de la selva", una maravilla. Me ha reconfortado el encuentro.