DOSSIER BERLÍN

| lunes, 8 de junio de 2009 | 12:43


Con esta novela se cierra la trilogía, pero Arturo Andrade, el personaje principal, ¿tendrá más historias que protagonizar en adelante?
Quién sabe. Es evidente que a mí me gusta el personaje, me gusta su forma de evolucionar, sus contradicciones, su sensibilidad, sus deseos, sus obsesiones… Y la vida es como la historia, a medida que maduras va cambiando tu manera de verla. ¿Puede Arturo Andrade seguir haciéndose preguntas? Dependerá de si los lectores quieren seguir escuchando sus respuestas. Por mi parte estoy dispuesto.





¿Qué te interesaba abordar, en especial, acerca de la Segunda Guerra Mundial, un tema del cual se ha escrito en abundancia?
La Segunda Guerra Mundial es el hecho histórico más importante de los últimos quinientos años, y se seguirá hablando de él en los próximos cien. De la segunda guerra me interesa su carácter total, absoluto, en el que desapareció cualquier frontera entre civiles y militares. Y a pesar de tamaña violencia, resulta fascinante contemplar la corriente sutil, brutal y caótica de la vida, su terquedad en medio de las llamas, y cómo a partir de las ruinas se configuró nuestro mundo actual. Entremedias, la conjura Stauffenberg, el proyecto megalomaníaco de Germania, el programa atómico alemán, la misteriosa sociedad Thule, el vértigo de los dos últimos años de la derrota alemana, la salvaje defensa de Berlín por las SS, los postreros días de Hitler en el búnker, las atrocidades soviéticas, el nihilismo nacionalsocialista…




En más de una ocasión se menciona el amor como motor, tanto para luchar por la vida como para perseverar en una ideología como la nazi.
El amor no es sólo luminoso, puro, también es obsesivo, violento, quiere anexionarse a la otra persona. Puedes amar a una persona con la misma intensidad con que la puedes odiar, al mismo tiempo. No es difícil ver en qué tipo de combustible puede transformarse el amor, y hacia dónde puede dispararte: hacia el cielo o hacia el infierno.



¿De qué forma te has documentado para escribir?
De una forma exhaustiva, tanto en las bibliotecas como visitando los escenarios históricos, siempre con el objetivo de evitar con ese material la confusión tartamuda de las vanguardias. Es decir, yo descreo de los experimentos, de las ideaciones caóticas, de las paranoias disfrazadas de originalidad, yo cuento historias, con personajes, con conflicto, con argumentos, o sea, lo que yo considero una novela.



La bomba atómica podía ser apenas concebible en aquellos años, una macabra fantasía, y acabó siendo una triste realidad. ¿Qué amenazas ves en la actualidad en el mundo que podrían pasar de ser una mera fabulación a otra realidad?
Las raíces del mal se hunden siempre en la búsqueda de los absolutos, ya sean ideológicos o religiosos. En el maniqueísmo subsiste uno de los mayores peligros del siglo XXI. Alguien decía con cierto cinismo que Auschwitz no es más que un récord, y por muy duro que suene, los récords están para romperse, y hay gente que vive empeñada en ello, eso es seguro. Ya decía Platón que está demostrado que las mayores injusticias parten de quienes persiguen la desmesura.



¿Cómo compaginas el ritmo de thriller con el de la novela más intimista y cercana a las emociones?
Mi literatura es imagen, es ritmo, yo, como Hardy, opino que hay que procurar hacer fácil de leer lo que ha sido difícil de escribir. El juego es el camino más fácil hacia la reflexión, el placer nos lleva de una manera más vertiginosa hacia la gracia, la verdad, la profundidad. Un equilibrio entre la fuerza de la esencia y la seducción de la superficie que nos lleve a ser un autor “comercial”, en efecto, como en su momento lo fueron Bellow, Scott Fitzgerald, Updike, Graves, Dumas, Victor Hugo, Hemingway, y antes Defoe, Austen, Dickens, Goethe, Cervantes, Stevenson, Twain…



En tu anterior libro, El tiempo de los emperadores extraños, invitabas a los lectores a que con sus experiencias e ideas te ayudaran a perfilar las nuevas aventuras de Arturo Andrade. ¿Hasta qué punto esa retroalimentación con los lectores te sirvió para componer Los demonios de Berlín?
Es muy importante ese feedback, esa interacción, esa comunicación entre autor y lector. Las premisas sobre las que se mueve el mundo son las mismas que las de las redes sociales, la conexión, la transmisión simultánea de información, y la literatura no puede quedar al margen. Muchos lectores ya no quieren respetar la literatura, sino amarla, por ello también es deseable que se comparta en cierta manera la creación, con ideas, con matices, con personajes, como han hecho en mi novela con sus correos. Yo además de lectores quiero cómplices.



Arturo parece ir encontrándose cada vez más a medida que Berlín se derrumba ante sus ojos… ¿cómo opera aquella búsqueda de este personaje en un entorno tan adverso y perverso?
Toda la fuerza, la dureza, la piedad y la verdad que Arturo encuentra en su viaje a la oscuridad, a esa luz negra que todos albergamos, le hace comprender que para sobrevivir es necesario creer en algo, porque lo contrario significa convertirse en un cínico o en un malvado, es decir, en un ser muerto.



¿A qué demonios debe enfrentarse el escritor a la hora de ponerse a teclear una historia como esta?
A los demonios de lo pretencioso, de lo tedioso, de lo aburrido, de lo abstracto. Y para lograrlo sé las armas que debo utilizar, la claridad, la pasión, la seducción, la acción y la reflexión en alternancia para apuntar al hemisferio derecho del cerebro, el de las emociones, el de la intuición, a fin de conseguir que los libros sean como espejos en llamas en los que nos podamos reflejar.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

El hecho histórico más importante de los últimos 500 años es el descubrimiento de los antibióticos y en general, la mejora de las condiciones sanitarias :-) La sensación (parcialmente falsa) de que la muerte no esté a la vuelta de la esquina ha cambiado radicalmente nuestra manera de actuar en el mundo. Imagínate, hace solo cien años, prácticamente la mitad de los españoles (aprox. 430 de 1000) no llegaba viva a los cinco años de edad. dar.

LBO2 dijo...

El acontecimiento histórico más importante tuvo lugar hace más de 2000 años. Recibimos una visita, de un hombre, hijo de Dios o no. Pero su vida y el mensaje que nos transmitió nos pareció relevante. Tanto, que decidimos dividir la historia, desde antes a después de su visita. Es como si un día recibes una visita en tu casa, en tu vida, que te cambia la perspectiva de las cosas, y decides que nada puede seguir siendo igual. Que algo ha cambiado porque algo importante te ha sucedido. Y luego, hay que contarlo, claro. Los discípulos lo hicieron, que eran sus amigos. Y menudo best-seller que colocaron: la Biblia, nada menos. ¿Hay algo tan goloso para un escritor?.

Por AMOR, el mensaje que ese hombre nos transmitió, el hombre ha logrado muchas cosas buenas. Los antibióticos mencionados, por ejemplo, entre infinidad de cosas más. Por falta de amor, se suceden catástrofes tan grandes como las guerras, entre hermanos españoles o a nivel mundial. No se puede matar ni para impedir matar. Si un rumano armado entra en mi casa y amenaza a mi niño, me lo cargo. Es imposible para un mico como yo, pero supongamos que lograra hacerlo. Creo que me sentiría feliz y orgullosa de haber salvado a mi hijo y evitado que alguien robara lo que nos pertenece. “He dicho feliz y orgullosa de MATAR....”. Pero porque soy una pecadora, a pesar de que intento creerme el mensaje, y de hecho me lo creo, y lo refresco en cada visita dominical. Pero, aunque sencillo, es difícil de aplicar. Una buena madre cristiana en tal situación debería entregar su vida para que no acabe con la del niño; no intentar cargarse al tipo. No hay mejor forma de demostrar el amor por alguien que dar la vida por él.

Lo anterior sólo prueba que no soy la buena cristiana que deseo ser. Que fallo en ello aunque lo desearía. Lo voy asumiendo.

Si algún día mi hijo me dice que, además, le he fallado como madre, ésa será la constatación más rotunda y definitiva de mi total y absoluto fracaso existencial.

Begoña dijo...

Maestro, es esta una lección sublime que tendré que leer muchas veces. Es por lo tanto una lección impagable. Hay frases que son indescriptibles, inmejorables, magistrales, pura sabiduría. Una guía a pleno pulmón para principiantes. Pero hay una sentencia para la cual tengo un Sí.
"Yo además de lectores quiero cómplices" Y es un sí rotundo.