Segundas oportunidades

| viernes, 7 de noviembre de 2008 | 0:06



Leí hoy mismo sobre Mail Goggles, el nuevo servicio de correo electrónico de Google, que trata de acabar con esas gambadas clandestinas que la mayoría hemos perpetrado: los correos electrónicos nocturnos en estado de embriaguez. El programa te pide que resuelvas cinco sencillos problemas matemáticos antes de enviar correos entre las diez de la noche y las cuatro de la mañana durante los findes. Por lo visto es la franja horaria en que nos cogemos las cogorzas -me temo que para algunos especímenes es más amplia-. Total, que antes de buscarnos la ruina con una expareja, compañero de curro, jefe, la mujer de un amigo o esa chica o chico con el que tenemos tan buen rollito en Facebook, soplaremos por este control de alcoholemia sui generis y si damos positivo, no nos dejará marcar. Incluso hablan de extender el programa a los móviles, que también tiene mucho peligro.

Seguro que muchos se acordarán de la familia del inventor por no haber despabilado antes de aquella noche en que enviamos aquel correo que nos parecía genial, y que por la mañana nos produjo más dolores de cabeza que los ocho ron-colas. Quien esté libre de pecado…
Qué sabia la Biblia.

3 comentarios:

lalecubino dijo...

Es muy típico.

Un colega mío le dijo una vez a su novia que la noche anterior, (había salido de rodríguez), había llegado a casa a las 2..."o por ahí..."

Craso error, mensaje enviado por el susodicho a la susodicha a las 7 de la mañana diciéndole todo lo que la quería...

De traca.

IGNACIO DEL VALLE dijo...

Jaja...

Begoña dijo...

Hasta el momento jamás me arrepentí de ningún correo que haya mandado, porque aunque suene a broma no bebo.
Y hasta cuando en más de las ocasiones di más de lo que me dieron, la vida me lo retornó multiplicado por cuatro.
El sentido del humor es super necesario, y si un amigo de mi marido me enviase un correo diciéndome lindezas me lo tomaría a risa. Creo que google obvia la inteligencia de la persona que recibirá el mensaje.Y que evita muchas carcajadas necesarias en un mundo triste.