Visita relámpago a Barcelona. Un lleno hasta la bandera en La Capella, una hora de charleta, Paco Camarasa energizando la sala, la guapa Ben Pastor hablando de Martin Bora, y un servidor contando su vida. Nos reímos, aprendimos, y la literatura sigue siendo un muerto que está muy vivo. Aquí les dejo las pruebas del delito. Special thanks a J. L. Espina por la grabación.
Montreal, ciudad proteica, de bruscas transiciones. Estás en calles que parecen Bruselas y escuchas inglés, estás en calles que parecen Tribeca y escuchas francés. Las armas iroquesas en el museo McCord que provocan que en mi cabeza empiece a sonar la banda sonora de El último mohicano. Su majestuoso tótem de dos pisos de altura. El Underground o submundo, kilómetros de galerías bajo la tierra llenas de tiendas. Me cuentan que el 1 de julio, fiesta patria, la ciudad se llena de camiones de mudanza, miles de personas aprovechan la jornada para cambiar la casa en una cultura netamente de alquiler. La magnífica plaza de Jacques Cartier, con tiendas de arte inuit. Ardillas por doquier. La constatación de que cuanto más viajas más te das cuenta de que nuestra Seguridad Social es excelente. El pésimo servicio en el famoso Schwartz´s, debe ser que necesitan toda su atención para preparar sus -simples- bocadillos de carne. La torre más inclinada del mundo, que no está en Pisa, sino en el estadio olímpico de la ciudad. El desayuno leyendo los seis millones de parados -122.000 asturianos- que me da dolor de estómago. Las teorías en la Cinematheque Quebecoise acerca de la esencialidad del cine en la creación de la identidad estadounidense. Mi camarada consular me cuenta su teoría sobre los descapotables entre cerveza y cerveza en la brasserie Benelux, que como su propio nombre indica, solo sirve birra canadiense:
-Nacho, te das cuenta de que el porcentaje de coches descapotables es infinitamente superior en los países fríos.
-¿Y eso?
-Aquí adoran cualquier atisbo de buen tiempo. Y en los países calientes no queremos prescindir de un buen aire acondicionado.
Paseando por las playas de Venice Beach, Marina del Rey, Malibú, Laguna Beach… comprendí muchas cosas. Entendí de dónde venía la pereza del Gran Lebowski, los sonidos tribales de The Doors, la atmósfera sofocante que te hace transpirar en las novelas de Chandler, James Frey o Ellroy. Por fin di con el significado de la estrofa de The Eagles, “you can check any time you like, but you can never leave“. Es un proceso de impregnación lento, mucho más que cualquier otro sitio que yo haya visitado, pero que paulatinamente te va encadenando, hasta que supongo que nunca más podrás salir de aquí. Es algo primitivo, es algo telúrico, y Homero, cuando creó la isla de Circe, debía estar intuyendo California. El tiempo sufre aquí una distorsión, y cuando te das cuenta, han pasado un par de horas con una cerveza en la mano y nada en la cabeza. Las puertas de la percepción están abiertas y al otro lado está el infinito. Es placentero, es peligroso. El sonido de mantra de la electricidad en los antiguos tendidos eléctricos que sobrevuelan las calles de asfalto cuarteado; los colibríes que flotan en su incesante búsqueda de calorías para mantener las 2000 pulsaciones por minuto de su corazón; las luces parpadeantes de los vuelos nocturnos, ubicuos, remedando los cielos de Blade Runner; los chiringuitos de marihuana medicinal, que suministran su dosis de olvido a los incesantes lotófagos…. Aquí hay brujería, y por eso imagino a los primeros españoles que pusieron pie en estas tierras persignándose entre el miedo y el placer, ante todo el abanico de tentaciones que se abría ante ellos. I,m the Lizard King, proclamaba Morrison, I can do anything. Anzuelo, fascinación, trampa, sugestión… todo te susurra que puedes abandonar la historia y dejarte llevar, siempre habrá un Rolling Wrap a mano, una puesta de sol con las tonalidades de un Tequila Sunrise, una adolescente dorada con la que pasar el resto de tu vida… Bienvenido, nos dice un misterioso anfitrión, bienvenido a California, aquí tendrás un montón de amigos, un eterno y dulce verano, una coartada para todo lo que te apetezca hacer. Esto puede ser el Cielo. Esto puede ser el Infierno.
Rolling the Empire: Skid Row, Los Ángeles
De IGNACIO DEL VALLE | jueves, 25 de octubre de 2012 | 18:08
Las sombras de los imperios son densas, tan oscuras como resplandecientes son las fachadas de sus edificios totémicos, tan crueles como magníficos sus documentos constitucionales. Quienes todavía duden de la necesidad de un MEDICARE, tendrían que darse una vuelta por Skid Row. Hay que ir de oficio, no está incluido en la ruta turística.
Cuando se piensa en arte neoyorkino, se considera el MoMa, la Frick Collection, el Whitney, el MET, la Hispanic Society... y se considera bien, cómo no. Sin embargo, yo les propongo dos alternativas. Por un lado, la Morgan Library, poco conocida, pero llena de virguerías por doquier, manuscritos de Napoleón, Hardy, Balzac, Thoureau, Shelley, Robert Burns... libretos originales de Mozart, Chopin, Verdi, Mahler... Biblias de Gutenberg, tratados de Vitrubio... Incluso, para los fans, la nota donde Dylan escribió las primeras líneas de Blowin´ in the wind.
Por otro, una visita al Soho y sus galerías de arte de la calle Prince, Lafayette, Wooster o Broadway, les darán una nítida noción de la actual vitalidad creativa.
A veces, entrar en Gotham puede ser más pesado que cuidar a un tamagotchi, debido a los atascos en los aeropuertos y a la capacidad prodigiosa que tienen algunos funcionarios de aduanas para ponerte de mala hostia. Además los precios en la ciudad se han disparado. No obstante, la recompensa lo merece. Porque en Gotham se recaudan toneladas de imágenes y sensaciones, porque una vez que estás dentro, you will never leave. La deliciosa comida india del Saravanaa Bhavan, en el cual nunca más se te ocurrirá decir las palabras “spicy, please”. El determinismo histórico que planta la embajada china justo frente al Intrepid, el portaaviones-museo de la segunda guerra, en la 46 con la 12. Los sopletes destellando en la noche mientras elevan otra planta más en la Zona Cero. La delicadeza de los espacios en el museo de Isamu Noguchi. El ejemplo de superación de aquella chica sin manos en el campus de la NYU. Vislumbrar los espectros que mueven los visillos del Chelsea Hotel, Thomas Wolfe, Brendan Beham, Arthur Miller, Arthur C. Clarke, Tenessee Williams… Las marujas japonesas con sus cámaras aterrorizando a la NYPD frente al edificio de la ONU. Pasar un Oktoberfest metido en un garito de Harlem, rodeado de negros -perdón, afroamericanos- vestidos con Lederhosen, y negras llevando el Dirndl, los trajes tradicionales bávaros, mientras el blanco flipaba. Ver pasar la caravana oficial de Obama mientras los pretorianos vigilaban las ventanillas con armas automáticas. Un dry-martini en el Waldorf, que te transporta en el tiempo. Los bares de karaoke de Hell,s Kitchen, en los que acaban cantando portentosamente los secundarios de Broadway. La perspectiva de los tres puentes desde el Sea Port, Brooklyn, Washington, Williamsburg…
Rolling the Empire: Astronauts and Diapers
De IGNACIO DEL VALLE | sábado, 6 de octubre de 2012 | 20:01
Deambulando alrededor de las cápsulas originales del proyecto Mercury, me contaron una historia entre escatológica y didáctica. Seguro que recuerdan a Lisa Nowak, la astronauta celosa del Discovery, que fue acusada de intento de homicidio tras intentar secuestrar y agredir a otra mujer que consideraba rival por el amor de un compañero de oficio. La susodicha estaba convencida de que Collen Shipman, ingeniera de tierra, mantenía un rollito con William Oefelein, por lo que actuó en consecuencia. La señorita Shipman llegaba un lunes de un vuelo al aeropuerto internacional de Orlando, y Lisa Nowak, ni corta ni perezosa, inició un viaje en coche de un montón de horas desde su hogar en Houston, Texas, hasta Florida. Pero lo que no todo el mundo sabe es que la chica, para no tener que parar a orinar, se puso los MAG -Maximum Absorbency Garment-, los pañales de máxima absorción que utilizan los astronautas en sus misiones, que pueden absorber 400 veces su peso en agua.
Bien, hay otras versiones de la historia, pero esta es la que me contaron y la que más me gusta. Moraleja: por mucha tecnología que desarrollemos, nunca podremos superar a Otelo.
NAVIDAD EN AUSCHWITZ
http://www.elcomercio.es/v/20120105/opinionarticulos/navidad-auschwitz-20120105.html
Auschwitz I
Zyklon B
Birkenau
La única cámara de gas que quedó intacta. El lugar -por metro cuadrado- donde han muerto más seres humanos en toda la historia.
El único crematorio intacto.
Todo el marfil que hay en esta torre se tomará un descanso hasta el diez de enero. El 2012 ya será un ciclo ascendente, solo hay que tomárselo con calma y dejar que los cambios que necesitamos y anhelamos se vayan produciendo. Tanto nacionales como individuales. Así que no se separen de los que quieren y les quieren, para el fin del mundo todavía quedan millones de años, el sol mediante. Desde Cracovia, que la entrada en el año sea venturosa. Trabajo y felicidad.
LA INSPIRACIÓN NO EXISTE...
SILENCIO EN LA NIEVE HASTA EN CHINA!!
La última generación de novias vírgenes
http://www.diariovasco.com/v/20110320/cultura/ultima-generacion-novias-virgenes-20110320.html
Esta es la primera entrega del Cuaderno de rodaje que V, el suplemento del grupo Vocento, publicará cada domingo acerca de mis experiencias en el rodaje de Sangre en la nieve, la película de Gerardo Herrero basada en mi novela El tiempo de los emperadores extraños. Espero que les guste.
El cuarto, un servidor, y mi querido Wolfram, el quinto. Aquí estamos, en el Belvedere; fui invitado por el Cervantes de Viena para hacer un recital literario sobre Los demonios de Berlín. http://viena.cervantes.es/de/kultur_de/kulturaktivitaeten_de.shtm, y para hablar de la condición humana en general. Algo apasionante, porque al cabo, como dice Wolfram: la locura es el estado habitual del ser humano, la normalidad no pasa de ser una desviación aberrante.
TAKE THIS WALTZ: Viena es un cielo gris, espectral. Wien es Arthur Schitzler, Max Frisch, Josef Winkler, Stepan Zweig, Hofmannsthal. Viena es la mierda de perro en las calles. Las costillas y la cerveza artesanal del Salm Bräu, en la Rennweg -se sabe cuándo se entra, pero nunca cuándo se sale-. La especial manera que tienen los vieneses de coger el cigarrillo. Wien es la salvajada del Hofburg. La casa donde murió Schubert. Un boliviano que sólo hablaba austriaco. El mercado de las pulgas. La alucinante y terrorífica propaganda nazi del Heeresgeschitliches Museum. Viena son las riquísimas tartas del Orerlaa. Aquella niña de ojos transparentes sentada en las escaleras del Kunsthistorisches, que me miró sonriente, la obra de arte más importante que albergaba el museo, de hecho, ella era el museo. Encontrarme por causalidad con la casa de Freud, en la Berggasse 19, de la que tuvo que salir pitando cuando los nazis le pidieron cita. Wien fue el concierto del Musikverain -la sexta de Mahler, la séptima de Beethoven, Danzi, Francaix, Berio, Barber, Hinderwith…-. La sabrosa Bohmische Braunbiersuppe. El poderoso vino blanco austriaco. El encanto del Belvedere, Max Oppenheimer, Hans Makart, Franz Xaver Messerschmidt. Aquella belleza morena recién salida de un cuadro de Klimt degustando una Birnen-Williams Torte. Viena es la amabilidad de la gente del Cervantes -Vielen Dank für die Einladung¡-. Un puñetero dolor de espalda por una mala postura al escribir. Estatuas suicidas en las azoteas. Aquellos tipos que se sentaron a mi lado y pidieron para cenar dos enormes trozos de tarta y medio litro de cerveza de trigo. Un camarero tirándome los tejos a ver si colaba. El Heisse Schokolade, chocolate caliente con brandy, que me tomaba todas las mañanas en el Café Museum. Aquella tienda de pañuelos donde tenían una foto bien grande con Sharon Stone mirando su mercancia, este es el sitio que eligen las estrellas de Hollywood para hacer sus compras. Wien es un cine en el Ring que ponía El Tercer Hombre en sesión continua.
Yo, que rezaba al cielo de las hefe-bier, últimamente me he cambiado de chaqueta. Era tal la variedad, la calidad y la sabrosura de las cervezas belgas, que a veces tenía la impresión de que Baviera era Barrio Sésamo comparado con Flandes. Lo mío va por épocas. Faro Lindemans es una de esas pequeñas virguerías que hacen estos señores. Levadura, cereal, canela, naranja, clavo, humo, y su corona de espuma como un merengue, espesa y cremosa. No lo olviden: el mejor trago de cerveza es siempre el primero.Bélgica 4: Brussels-Museo Real de África Central
De IGNACIO DEL VALLE | lunes, 4 de octubre de 2010 | 9:52
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