Recibía correos regularmente de lectores quejándose de lo difícil que era encontrar ejemplares de "Cómo el amor no transformó el mundo". Ahora ya pueden disponer del ebook en Amazon. Publicado en 2005, y tras una nueva corrección, sigo firmando cada una de sus líneas. Espero que lo disfruten.
The city had fallen. We came to the window of a house drawn by a madman. The setting sun shone on a few abandoned machines of futility. I remember, someone said, how in ancient times one could turn a wolf into a human and then lecture it to one's heart's content.
CHARLES SIMIC
Si imaginariamente el mundo se dividiese entre los que son de Faulkner o de Steinbeck, yo soy de Steinbeck. Como autor, me da tanta envidia como asombro comprobar que el escritor californiano escribe cosas como “A un dios desconocido” solo con 31 añitos, o termina un portaaviones literario como “Las uvas de la ira” a los 37. Salvo dos o tres obras que no me interesaron, leo asiduamente a John Steinbeck, y entre sus recomendaciones he adoptado varios consejos: desconfiar de las escenas demasiado brillantes, porque normalmente suelen estar fuera de lugar; ser honesto con lo que cuento; rodear las partes que no acabo de concretar para retomarlas más adelante y no detener el avance; y escribir sí o sí una página diaria. Steinbeck conservó toda su vida una característica que resulta esencial para todo el que desee escribir: la curiosidad de un niño; y aunque en sus novelas las cosas son blancas o negras, sin matizar demasiado, esa misma radicalidad se contagia en la intensidad de la escritura, porque Steinbeck odia o ama lo que cuenta como si le fuera la vida en ello. Cuando uno comienza a leer sus libros, sabe que únicamente puede estar con él o contra él, no hay medias tintas, pero también nos recuerda que somos animales solitarios, y que uno de los mejores métodos para no sentirnos tan solos es contar y escuchar historias. Steinbeck convierte lo local -el valle de Salinas- en algo universal, y mezcla con un estilo claro y elegante las lecciones aprendidas de Scott Fitzgerald, Hemingway, Stephen Crane o Jack London. Todo el mundo recuerda “La perla” o la mencionada “Las uvas de la ira”, pero yo soy un gran admirador de una obra total como es “Al este del Edén”, remozando el mito de Caín y Abel, lleno de historias y digresiones sobre temas capitales, amor, verdad, mal, sexualidad… al tiempo que perfila uno de los mejores malos de la literatura: la despiadadísima Cathy Adams. Asimismo, soy un incondicional de sus libros de viajes, “Por el mar de Cortés” o “Viajes con Charley, en busca de América”, sin olvidar que Steinbeck es el guionista de una de mis pelis preferidas, “Viva Zapata”, de Elia Kazan, con un Marlon Brando que protagoniza una de las alegorías políticas más redondas del cine.
Probablemente sea uno de los mejores poetas del país. Lo mejor de su obra.
A mí, que ya saben que me va la marcha americana, me parece que este escritor es uno de los grandes en un país lleno de ellos. Cuentos para aprender a escribir cuentos.
Un best-seller bien escrito, bien estructurado y con una historia que contar.
Pues el mismo título lo dice...
Esa es la nueva ley que los ciudadanos han impuesto a la política: negociación, negociación y más negociación. Cada obstáculo debería estudiarse con sus peculiaridades sin estar sometidos a grandes marcos ideológicos, para no limitar la capacidad de pactos y lograr avanzar día a día, problema a problema. Ciertamente, esta dinámica no responde al ADN “absolutista” de los partidos, pero el mundo líquido que adelantaba Zygmunt Bauman nos impone una diversificación y complejidad que, si bien en un principio puede dar una falsa sensación de coagulación, a la larga será beneficiosa, aunque solo hasta que los partidos emergentes comiencen a jugar al tacticismo político -que sucederá, no lo duden-. Y hasta que ese caleidoscopio gire a tal velocidad que solo distingamos uno o dos colores, la alegría cromática nos dará la impresión de que hay un cambio aunque la política sea siempre vieja. Todo esto se veía venir, pero habrá todavía muchas sorpresas, sobre todo en las alianzas “contranatura” que se producirán a medida que el pacto social vaya mudando de piel; tampoco depositen demasiadas esperanzas, mi abuela decía que “siempre ye menos de lo que parece”, y la realpolitik se encargará de que mengüen las expectativas porque todo el mundo tendrá que ceder si quieren llevarse algún gato al agua. Lo importante es que la información continúe circulando y que los ciudadanos compremos más periódicos para poder fiscalizar qué hace cada uno, cuánto de nuestro dinero se están gastando y cómo. Todo a fin de localizar la siguiente fractura para volver al bipartidismo, quizás aumentar al heptapartidismo o sencillamente cambiar el mazo de cartas y barajar de nuevo. No puedo negar que a pesar de mi escepticismo siento cierta alegría porque lo que ha sucedido ejerce de antídoto contra la frustración, y de que se logre efectuar una reforma decente de las instituciones y un rendimiento de cuentas ante los que votamos, dependerá que en el futuro podamos enfrentarnos a distopías políticas que están mucho más cerca de lo que parecen, solo hace falta mirar Rusia o China. De momento, me tomo mi café, que no es para todos, pero si le apetece puedo invitarle a uno.

Jaques, uno de mis cuentos preferidos del ebook Caminando sobre las aguas, Suburbano Ediciones, Miami.
En The Walker, una película de Paul Schraeder muy minusvalorada -cuando no directamente ninguneada-, un colosal Woody Harrelson hace de gay con muchísima pluma -qué contraste con el Martin Hurt de True Detective-. Y te lo crees, de ahí el punto. Por lo que a mí respecta, la cinta merece una revisión, por sus estupendos diálogos, por la actuación de Harrelson, por la presencia demoledora de Lauren Bacall, y porque sencillamente Paul Schraeder es el guionista de Taxi Driver. Para muestra de los diálogos, un botón:
-¿Por qué eres siempre tan educado? -le preguntan a Carter Page III, alias Woody Harrelson.
-Es mi respuesta al caos.
De todos los cuadros que he visto en los museos de Madrid -y yo creo que en el mundo-, éste es el más triste. Con mucho. Quizás en este blog no se refleje del todo la emoción de este "Despedida" de Max Beckmann que se encuentra en el Thyssen, pero yo les aseguro que cuando se está a medio metro se desprende una tristeza tan inmensa, tan cruda, tan desesperada, que te deja mal cuerpo para los siguientes cuadros, y por eso resulta imprescindible. Hay toda una historia que nos cuenta esta pintura, ¿se está marchando?, ¿regresa?, ¿qué ha sucedido entremedias?... Cada uno puede imaginarlo, y esa es la magia.
We will never give up: James Salter is still on the run
De IGNACIO DEL VALLE | miércoles, 6 de mayo de 2015 | 11:03
Confirmada la candidatura de JAMES SALTER para el PREMIO PRINCESA DE ASTURIAS DE LAS LETRAS 2015.
JAMES SALTER CANDIDATURE TO THE PRINCESS OF ASTURIAS AWARD FOR LITERATURE 2015 HAS BEEN ACCEPTED.
En esta novela se cumple a la perfección la teoría del iceberg, es más importante lo que se intuye que lo manifiesto, el silencio que corre bajo las palabras como el aire caliente se deslizaba bajo los ladrillos de las termas romanas. Su autor, Julien Gracq, es un consumado maestro en estos lances; con dos personajes, un antiguo soldado y una doncella, y un tercero, el amigo del soldado y señor de la casa, a quien aguardan, nuestro escritor elabora el relato de una espera. Intimista y sugestivo, a ratos agobiante, opresivo, Julien Gracq desenrolla largas frases solo por el placer de paladear su tempo, obligándonos a leer con mucha atención, para hablarnos de un “Godot” que puede o no llegar. Eso no es lo importante. “Siempre me ha gustado, desde que era pequeño, sentir a mi alrededor sumergirse una casa completamente cerrada en el crepúsculo”. Lo importante es la atmósfera, que nos recuerda a otras novelas, “El mar de las Sirtes”, “Los ojos del bosque”, “En el castillo de Argol”… siluetas esquivas, delirios moderados, zonas maliluminadas, sensualidad, rondas nocturnas por largos pasillos con las llamas del candelabro reflejándose en inmensos espejos. Estar dentro de una novela de Julien Gracq es una sensación, y se parece a ver el “Orpheo” de Cocteau, a ir detrás del músico en su ascenso de los infiernos rogando porque nunca vuelva la vista atrás. Esa tensión, esa incertidumbre. Esa emoción contenida. “A la derecha, al fondo de su cauce, un rápido sacudió el bosque, breve y feroz, como un animal que sale al descubierto, y esparce tras de sí por la campiña una capa de limaduras desechas“. En este libro usted se irá desangrando espiritualmente, como si estuviese en una bañera de agua caliente, “una sequía definitiva para toda una región de recuerdos, emociones e imágenes”, siguiendo la máxima de Valery, “escribir bien no es decir exactamente lo que se quería decir, sino decir mejor”. Si al final se ha quedado con ganas de más Julien Gracq, puede acercarse a otra novela también recién publicada, “La Península”.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)












