Grand Convento di Amalfi

| miércoles, 15 de septiembre de 2010 | 10:30

Debe ser que todavía tengo la inercia del verano en la cabeza, pero aquí estaría yo si me tocase la loto. Sobre el mar esmeralda del Tirreno, una abadía cisterciense que han tardado cuatro años en reconstruir, ahora hotel entre limoneros...




Raza

| domingo, 12 de septiembre de 2010 | 13:52


Nos quedamos porque tenemos fe, nos vamos porque nos desencantamos, volvemos porque nos sentimos perdidos, morimos porque es inevitable.
Jack Palance, alias Jesús Raza en Los profesionales.

La mariposa y su efecto

| jueves, 9 de septiembre de 2010 | 10:23



Leo un artículo sobre la crisis del trigo en Rusia, su embargo y la consiguiente escalada de los precios. De repente, unos incendios producidos en mitad de los estepas existencialistas de la Rodina, provocan que en Maputo, la capital de Mozambique, se produzcan salvajes manifestaciones para que baje el precio a fin de poder sencillamente comer, al tiempo que en el encorbatado mercado de futuros de Chicago los 'brokers' se mueven con la actividad de un hormiguero inundado para que el precio suba, con el propósito de comprarse un nuevo descapotable. A su vez, este incremento del celemín, también esencial para el alimento del ganado, ha precipitado una subida en el precio de la carne de vacuno, lo que ha obligado a una reunión de los principales productores de materias primas agrícolas -USA, China, India y Rusia-, para que se sienten en una mesa y se impliquen en la construcción de políticas apropiadas para contrarrestar dicha bajamar. Sin embargo, Rusia no parece que vaya a ceder en su embargo debido a la brutal destrucción de cereal, mientras los especuladores siguen echando gasolina al fuego -valga la redundancia- para que los precios no bajen y, para más inri, acaban de aparecer los 'hedge founds' como hienas en torno a una gacela herida, aumentando un mucho por ciento sus posiciones de compra de este material. Ahora bien, la oscilación positiva del precio del trigo y las materias agrícolas en general hace que la agricultura aumente su rentabilidad y los agricultores puedan invertir en tecnología, lo que implica que empresas especializadas en fertilizantes y maquinaria eleven su cuenta de resultados, etcétera.
Y ahora yo les podría hablar del concepto del tiempo oriental frente a la metronomía occidental, en el que la mariposa no cuenta los meses sino los momentos, de la flexibilidad, de la holística, del susto ante el sentido de producto acabado de los occidentales, porque para el asiático lo acabado no puede ser sino perfecto, ergo algo que no es posible, y también de que para ellos las cosas no se hacen, sino que se van haciendo y tal y tal. Pero no, yo sé que aquí de lo que se trata es de la otra mariposa, también holística pero más puñetera, que puede hacer que porque suba el precio del cereal en un remoto pueblo ruso a mí me caiga encima un piano. Y sin despeinarse.

Mallorca

| lunes, 6 de septiembre de 2010 | 15:32

Había muchas fotos durante los días que pasé en Mallorca este verano. Pero esta es la más radiante, la que más me obsesionó, la que era. Porto Colom, en el oriente de la isla, aquellos garajes multicolores para las barcas. Aparte la nueva adicción que he adquirido: la ensaimada de crema quemada.


Una de romanos distinta

| sábado, 4 de septiembre de 2010 | 1:42

Curiosa revisitación del género. La Roma Imperial jugándosela más allá de la muralla adriana, western de persecución, paisajes nevados a lo Jeremías Johnson, cierto gore, personajes compactos, algo de kitsch que no la desdora, los pictos que son más malos que la tiña, los romanos llevándolas por todos los lados, un casi final con una decisión tan cruel como realpolitik... Los dioses nos han olvidado, dice el héroe, ahora crearemos nuestro destino. Me gustó, me gustó...

T-4

| miércoles, 1 de septiembre de 2010 | 9:24

En la T-4, buscando la puerta de embarque de mi avión este agosto, entramos un grupo en uno de los ascensores acristalados. Fue uno de esos momentos en que todos se quedan aguardando a que baje sin reparar en que nadie ha tocado el botón. Al cabo de un rato, una voz con acento argentino:
-Bueno, señores, me temo que alguien debería tocar el botoncito. El cacharro es inteligente, pero no listo.

Arturo Andrade en El País y descanso.

| domingo, 8 de agosto de 2010 | 15:23

Pueden leer Una montaña de huesos, un capítulo inédito de Los Demonios de Berlín en el diario El País con las fantásticas ilustraciones de Miguel Navia. Arturo Andrade reflexiona sobre la condición humana y la guerra mientras cruza un Berlín devastado. Mientras, yo me tomaré un descanso hasta finales de agosto y recargaré pilas. Les espero entonces.


http://www.elpais.com/articulo/portada/montana/huesos/elpepusoceps/20100808elpepspor_4/Tes

Mis recomendaciones literarias para este verano en El País.

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Galicia/posguerra/favelas/Rio/Janeiro/elpten/20100812elpepucul_2/Tes

Al Carnaval carioca? Para qué, a Ribadesella¡¡

| viernes, 6 de agosto de 2010 | 12:27


O maior fiesta du mundo: el descenso del Sella. Empieza hoy y aquí estaremos hasta domingo. Advertidos quedan: nos ataremos a los mástiles hasta el amanecer, nos fundiremos "les perres", les llevaremos a uña de caballo hasta el borde del Rubicón y allí les invitaremos a pescar, nos pondremos en la cola para zurrar a alguna pasajera a lo Aterriza como puedas. Ténganlo claro: no habrá rehenes.

Homer y Langley

| miércoles, 4 de agosto de 2010 | 11:41


Deliciosa, inquietante, triste, imaginativa, destructiva, irónica esta novela de Doctorow. Ya me había fascinado con la estructura de ‘La gran marcha’, pero aquella era una de esas novelas de las que aprendes mucho pero no te emocionan. Pero este sí, este es un libro de esos que puedes releer, una extraña mezcla de la autorreferencial ‘Forrest Gump’ y la enfermiza ‘The Servant’, la película de Joseph Losey, en la que ustedes irán poco a poco extraviándose en el universo paralelo que durante décadas levantarán los hermanos Collier en su mansión neoyorquina.

Doctorow se basa en el caso real de unos hermanos que se encerraron en su lujosa mansión y tras la muerte de sus adinerados padres, iniciaron una sistemática voladura de puentes con la realidad, acumulando en el proceso cantidades ingentes de objetos, torres de periódicos, obuses sin utilizar, un Ford T, numerosos pianos, máquinas de escribir, rollos de alfombras, lámparas... así hasta cien toneladas de basura que transformaron los salones y habitaciones del palacete en un gigantesco laberinto, tan complejo como el que la locura había levantado en sus mentes. «Volvíamos a ser los mismos seres atribulados de antes, con el mundo exterior en pugna con nosotros como si hubiese retirado a sus embajadores». En principio su caso hubiera sido fácil de diagnosticar, síndrome de Diógenes, pero tuvo tantas peculiaridades que obtuvo su propio nombre: síndrome de Collier. Terminalmente perdidos en su inframundo, los hermanos acabaron muriendo uno por un derrumbe y el otro por inanición, tardando los bomberos una semana en dar con sus cuerpos. Doctorow literaturiza de manera magistral a través de la voz de Homer, el hermano ciego, y con la historia de Estados Unidos como contrapunto, lo que pudo suceder para que dos de los vástagos de una de las familias más antiguas de Nueva York tuvieran un final tan trágico como absurdo. Al final, la historia resulta una colosal metáfora acerca del peligro de confundir autonomía con aislamiento, un camino directo a una soledad que conduce a la locura. Un deslizamiento que Homer, a pesar de su ceguera, retrata con una clarividencia y una resignación admirables, sin una gota de moral, relativizando, intentando poner ante los ojos del espectador un proceso que no tiene por qué comprender, sólo te ruega que seas testigo de su tragedia y aguardes a que todo concluya, quizás con una postrera oración por su desgracia. Ni siquiera pide consuelo. Ni siquiera pide compasión. Pues ellos poseen, dice, la fortaleza de quien carece de ilusiones.

Let,s talk about our real owners

| domingo, 1 de agosto de 2010 | 10:51

¿Todavía no conocen a George Carlin?