En las afueras de Berlín, junto al lago de Wannsee, hay un área de vacaciones para la gente más acaudalada, una zona hermosísima repleta de mansiones, bosques, puertos deportivos y playas, que guarda un secreto abominable: la Casa de la Conferencia. Aquí, en esta lujosa e idílica mansión, el 20 de enero de 1942, se celebró una reunión entre Reinhard Heydrich y otros 14 oficiales de las SS, entre los que se contaba Adolf Eichmann, para decidir la Endlosung, la Solución Final, y determinar la exterminación de 11 millones de judíos de toda Europa.

Los muniqueses lo celebran desde 1810, tras la boda de Luis de Baviera y la princesa Teresa de Sajonia, a la que fue invitada toda la población de München. Recibe seis millones de visitantes de todo el mundo, y en dos semanas se beben más de 5 millones de litros de cerveza y se comen más de 200.000 salchichas de cerdo. Consumición mínima, un litro, y hay que cogerlo al vuelo de cualquiera de las camareras que pasan entre las mesas. Me han dicho que durante la fiesta hay otras cosas que ver y que hacer aparte de emborracharse, pero yo de momento no caigo. A ver si mañana...
CODA: por cierto, mi enhorabuena para dos asturianos, escritores y sin embargo amigos, Manolo Abad y Miguel Barrero, uno por publicar su primera obra, Vasos sucios en la madrugada, y el otro por el premio a su novela Los últimos días de Michi Panero. Abrazos y a seguir currando: gana el que aguanta.

Esto no me cuesta nada escribirlo. O me cuesta todo. Ha muerto Paul Newman, es decir, ha muerto la belleza, la inteligencia, la complejidad, la credibilidad. La clase. A pesar de su condición cuasidivina, no ha podido resistirse a la Pelona, que a su vez no fue capaz de resistirse a sus espectaculares ojos azules. Este es mi particular y sincero homenaje a Paul Newman, mi agradecimiento al hombre que me ha salvado tantas veces la vida. Me la salvó Eddie Felson, aquel genio arrogante machacado entre el humo y el güisqui por el Gordo de Minnesota, que finalmente se sobrepone a su propio talento en una lucha tan épica como desoladora. Me la salvó la ocurrencia, el idealismo, la locuacidad, el optimismo de Butch Cassidy. Me la salvó el coraje con que encara su inevitable destino aquel patriarca irlandés en Camino de perdición, cuando ha de salvar a Caín aunque ame más a Abel. Paul Newman ha sido una droga, una filia profunda. Con él las he pasado putas cuando me perseguían los comisarios del Union Pacific, he sido un virtuoso del billar, he pasado noches enteras jugando al póker, he perseguido el dulce pájaro de la juventud, he caminado por ardientes tejados de zinc, he buscado cadáveres en los canapés que me daban durante la entrega de los Nobel, he comido huevos duros hasta caerme desmayado. Pero, sobre todo, he estado enamorado de su veracidad, de su ritmo, de sus matices, de su seducción, de su gracia, de su carisma. De su clase. Y ahora que este gran señor ya no saldrá nunca más de la pantalla, esta misma noche me pondré delante de una, enfriaré una botella de Pipper-Heidsieck y veré por vez tropecienta El Buscavidas. Durante dos días me perderé en un tapete verde en blanco y negro, y golpe tras golpe de taco descenderé a los infiernos entre mareas de orgullo, tristeza, determinación y entusiasmo, hasta que al final la derrota del Gordo de Minnesota redima para siempre mi estigma de fracasado. Gordo, has jugado como un maestro, le diré entonces, y él me responderá: tú también, Eddie, tú también…
First we take Manhattan then we take Berlin
De IGNACIO DEL VALLE | viernes, 26 de septiembre de 2008 | 1:12 Das schöne Berlin. He admirado mucho la cultura de Alemania, y me da que voy a seguir admirándola muchos años más. Este es el país de Bach, Döblin, Mann, Herzog, Wenders, Fritz Lang, Koeppen, Gödel, Brecht, Isherwood -a veces-, Haffner, Weil, Karajan, Jünger, Lubitsch, Nietzsche, Goethe, Adorno... Pero, sobre todo, de Heidi Klum.
Muchas gracias a CARLOS SÁEZ DE TEJADA, ministro consejero de la embajada española en Berlín, por las facilidades y la información que me proporcionó.
Allá vamos...
¿Alguien ha intentado renovar últimamente un dominio punto es? Bien, desde mi humilde punto de vista, es uno de los mayores absurdos del que he sido protagonista en los últimos meses. Vueltas y revueltas digitales sin orden ni sentido, un vuelva usted mañana de ventanilla garbancera, un malestar que paulatinamente se convierte en mala hostia, una pérdida infinita de tiempo, unos plazos raquíticos, un registro carísimo, una imagen pésima para la administración. Inaceptable.
Aquí dejo algunas soluciones para los futuros damnificados, sacadas del blog de andrés pedreño, que me han salvado la vida:
Veamos, en vez de un simple botón "Renovar dominio", resulta que tienes que "autentificarte" en la página web http://www.nic.es/ encontrar y luego pinchar el cuadro "Gestiona" introducir el identificador (NIC-HANDLE) y contraseña del contacto ADMINISTRATIVO o de FACTURACION y pinchar la clave del dominio en cuestión. Aparece por fin el nombre de tu dominio... Pero a pesar de que el nombre aparece como hipervínculo, no lo pinches porque... hay que pinchar solicitudes en el margen izquierdo. Saldrá una lista de "referencias" y el nombre de tu dominio. Hay que pinchar la referencia (¡NO el dominio!) y sale una especie de historial y luego, si solo faltan 15 días para la caducidad, al final un botón "acciones posibles" (si falta más tiempo, dicho botón no aparece, ni aclaración complementaria alguna). A partir de ese momento, si lo has encontrado, puedes empezar a proceder a la renovación. Ni los más ágiles en navegación aciertan con este sistema. Hace falta estudiar un manual para comprender una burocracia digital innecesaria. Sería mucho más fácil y sencillo un enlace "renovar tu dominio" desde la página principal. Sería más razonable, si se supone que ESNIC pertenece a una administración, cuyo objetivo es fomentar el uso de las nuevas tecnologías y facilitar su implementación en España, que este servicio fuese gratis o, al menos, costase lo mismo que la agencia más barata ¿no creen? Tampoco recurra a los correos electrónicos. Ayer y hoy mismo ninguno de los dos correos de ESNIC (PlanDeDominios@red.es y es-nic@nic.es ) admiten correos. Si intenta enviarles una consulta, su sistema de correo le dirá que su servidor requiere
"autenticación": "El mensaje no se pudo enviar, uno de los destinatarios fue rechazado por el servidor. Su dirección de correo electrónico es "es-nic@nic.es". Respuesta del servidor: '473 es-nic@nic.es relaying prohibited. You should authenticate first"...
Si te forras a lo Damien Hirst, te ponen a parir. Si eres pobre de solemnidad e intentas sobrevivir -y si puedes, forrarte- emigrando y trabajando duro, también te ponen a caldo. ¿Conclusión? Limítate a forrarte y ni caso a los críticos vitriólicos. Si yo fuera uno de esos ecuatorianos o rumanos que vienen aquí a romperse los cuernos, y que encima tienen que aguantar que se refieran a ellos en términos de putas de Babilonia, peste, pandemia, o que simplemente se les cubre de alquitrán y plumas por recibir el subsidio de desempleo o ser atendidos por la sanidad pública, me pondría detrás un póster de la calavera humana con los 8.601 diamantes incrustados del nuevo rey Midas inglés, delante una barricada de quita y pon, y en medio la proteica capacidad de competir del susodicho. Y más madera. ¿Que tienes que salir con un desventaja de un kilómetro respecto del último contendiente nativo? La necesidad crea el órgano: carácter, convicción, fuerza, trabajo, ego, e incluso una pizquita de soberbia si es necesaria para aguantar el chaparrón, como una de esas pastillitas de uranio de dos centímetros de alto y uno de diámetro que liberan energía para parar un tren. Así hasta que se alcance lo que Bill Gates llama el umbral de aceptación, ese momento en que estalla la venta de un producto o la fama de alguien de una manera exponencial.
El miedo a lo extraño, al extranjero, está marcado en nuestro código genético, es atávico; es el rechazo al color de piel, al idioma, a las costumbres, en resumen: el pánico a los bárbaros. Pero no nos damos cuenta de que los bárbaros son los únicos que pueden salvar una Roma que con los siglos se envanece y corrompe, que pierde la ambición, y con ello su Kairós, su tiempo oportuno. Cuando las copas nos llegan a pesar más que las espadas, la soledad es una tentación que acaba por convertirse en un esplendor ficticio, en una actitud estéril y peligrosa. Porque no somos nada sin la inmigración. Sin ese flujo de gente que rompe la inercia costumbrista y remueve mitos fundacionales patrióticos, sin ese enemigo externo que se entrevera con nosotros y que es el único que nos puede cambiar el carné de baile, obligarnos a salir de moldes estéticos elitistas y unidimensionales, despertarnos de narcosis acomodaticias, sumirnos en la promiscuidad del feed-back, en la porosidad que rompe el tópico, en la apertura de compartimentos estancos, en lo transversal. Ahora bien, tras esta defensa apasionada, también se impone establecer una acertada política inmigratoria. No obstante, eso sería materia de otro artículo, y ese debería de hacerse con frialdad, reflexión y filtros, aunque siempre con las primeras frases que abren El Gran Gatsby en la cabeza: cada vez que te sientas tentado de juzgar a alguien, ten en cuenta que no todo el mundo ha tenido las mismas oportunidad que tú.
